domingo, 7 de enero de 2024

EL MILAGRO EN LO COTIDIANO

¿Has contemplado los milagros que suceden a diario?

Estamos tan sumergidos en la rutina y lo cotidiano que perdemos la capacidad de asombro, y solo reaccionamos ante aquellas cosas negativas que a diario nos cuentan o que vivimos.

Hace unos días mi hermana regresó a España, eran 9 horas de vuelo desde Colombia hasta Madrid; y justo cuando ya el avión echó a andar, se detuvo y volvió a estacionarse, porque tenía un daño que debían arreglar; así estuvo hasta que despegó a su destino… Pero saber eso nos mantuvo en ascuas todo el tiempo, hasta que supimos que aterrizó bien, sin más contratiempo. Entonces sentí la profunda necesidad de agradecer mucho a Dios por eso, a la vez que pensé: ¿Cuántos aviones no aterrizan todos los días sin ningún contratiempo y no le prestamos atención, y mucho menos lo agradecemos? En cambio, cuando un avión se estrella, sale por todos lados la noticia y renegamos, buscamos culpables y nos llenamos de mucho miedo. El que el avión llegará bien, con 9 horas de vuelo y muchas de ellas sobre el océano, es realmente un milagro, y algo con lo que Dios nos demuestra su amor todo el tiempo. Así te puedo mencionar muchos milagros que pasan en todo momento, cerca y lejos de nosotros; pero como es lo cotidiano, suponemos que eso es lo que debe ocurrir, y ni siquiera nos sentimos afortunados por ello.

Quienes vivimos a la orilla del mar, se nos olvida que ahí está; mientras que hay muchas personas que tienen como mayor sueño, poder conocerlo. Los sanos, no son conscientes del milagro infinito que es el cuerpo humano, con todo lo que siente y experimenta. Sólo los quienes hemos superado alguna enfermedad o diagnóstico, agradecemos el hecho de tener salud y seguir viviendo.

El llegar a tiempo a nuestro destino, después de muchos contratiempos; el lograr alcanzar una meta, el sanarse de una enfermedad terminal, el conseguir algo que no todos pueden o tienen, el simple hecho de ser sobrevivientes de COVID, todos eso son milagros que a diario suceden y no nos damos cuenta de ello.

Hoy, por ejemplo, veía la noticia de una niña con una enfermedad huérfana, que necesitaba un medicamento el cual su seguro no le proporcionada, pero que era muy necesario para sus dolores; lo que me hizo pensar en mi condición y en mis dolores, pero hasta el momento y después de todo lo que pasé en mi segunda cirugía, aunque tengo dolores fuertes, los manejo con un analgésico de los que venden en las droguerías, y eso no es suerte, es parte de los milagros que a diario suceden.

A la humanidad le es más fácil decir, “tuve suerte”, que “soy bendecido”. Nos cuesta creer que las cosas buenas son la expresión de amor de Dios en todo momento; pero nos es más fácil reclamarle o dejar de creer, cuando las cosas no salen como queremos.

Hoy también nació mi sobrino y me asombró demasiado, todavía no dejo de pensar que hace unos días estaba en el vientre de su mamá y hoy es un bebé con los ojos bien abiertos al mundo. En él contemplo el milagro de la vida.

A veces somos testigos de cómo cada cosa pasa para ponerse en su lugar; a veces se rompe y se pierde sin explicación, de hecho, hay momentos que lo que pedimos, no sucede; con el tiempo he aprendido a creer y pensar que cuando no tenemos las respuestas de esos porqués o para qué que gritamos al cielo, es porque la razón es que Dios nos ama enormemente, y lo único que debemos hacer, es agradecer.

No hay que ocultar las malas noticias, ellas nos hacen ser conscientes de la realidad, para que, en nuestro proyecto de vida, esté el saber transformar todo lo que está mal; pero seríamos más esperanzados y agradecidos, si también se compartiera con el mundo, todas las cosas buenas que están sucediendo a nuestro alrededor, aunque a veces no nos sorprenda, porque las vemos como lo cotidiano del día a día. Algo sé, si somos perseverantes en el descubrir y compartir las buenas noticias, vamos a estar abiertos a recibir las bendiciones que Dios nos quiere dar, y también seremos de los que quieran agradecer y a la vez compartir todas las buenas noticias que a diario nos suceden.

Con las malas noticias que se comparten todos los días, está pasando algo; ya muchas personas se están acostumbrando a ser espectadores que creen que es normal, eso malo que sucede. Por eso lo mejor que podemos hacer, es volvernos a asombrar y agradecer todo lo bueno que nos pasa y que es realmente un milagro.



jueves, 4 de enero de 2024

7. ¿Y AHORA QUÉ?

Esa es una pregunta que en algún momento de nuestra vida todos nos hacemos, más aún cuando hemos concluido una meta o llegado hasta cierto punto en la que debemos tomar nuevas decisiones hacía dónde ir y continuar.

Como maestra sé que, para las generaciones de ahora, es más difícil tomar esa decisión, sobre todo por la cantidad de opciones que existen y por el miedo de equivocarse.

En mi caso, tardé 5 años después de concluir el colegio, para saber qué era lo que realmente quería, porque después de tantos cambios, realmente no me conocía, no sabía que quería estudiar, tenía miedo de ir a la universidad, no quería caer en una rutina de horarios que lo cual nunca me ha gustado, y tantas otras cosas de las cuales no tenía ni idea. Reconozco que unas de mis más grandes debilidades son la falta de perseverancia, querer hacer muchas cosas al tiempo y no concluirlas, mi TDA y soñar tanto que al final no saber qué es lo que quiero.

Mi primera opción fue la música, venía tocando el piano de oído, así que me visualicé tocando, siendo independiente o enseñando; pero fui a la escuela de música y no me gustó, así que luego de dos clases, desistí de ella. Después, tomé clases de guitarra y piano, la primera la estudié durante un año, pero la abandoné por la tonta excusa de que no me daban los dedos de mis manos para hacer los acordes; y en cuanto al piano, preferí aprenderlo de oído en vez de notas y pentagramas.

Pero Dios ha sido grande conmigo y me dio la oportunidad de trabajar inmediatamente me gradué. Primero estuve un año colaborando en mi colegio en tareas varias, entre ellas el coro; y al año siguiente, ingresé al colegio donde estudiaba mi hermana, de una manera más formal como secretaria auxiliar; lo que me sirvió para aprender de secretaria, computación y hasta organización y manejo de una Biblioteca escolar. Estando ahí, vi la posibilidad de ser maestra y quise serlo, así que inicié mis estudios en la universidad a distancia, en la modalidad semi presencial, para poder trabajar y estudiar. Pero mi satisfacción personal más grande, era que, de los cuatro hermanos, yo era la única que estudiaba y trabajaba, por tanto, me pagaba mis estudios.

Seguí practicando piano, tocaba en la Iglesia, tenía un coro de señoras para la misa y otro de niños para Navidad. Mientras trabajaba en secretaria y estudiaba mi Licenciatura en Básica Primaria; hasta que me gradué y me dieron la oportunidad de dar clases, dejando la secretaría y dedicándome de lleno a la docencia.

Descubrí que, aunque no me gustaba estudiar de manera formal, me animaba más ser autodidacta, investigar, aprender, leer por mi cuenta de lo que me llamaba la atención. Tal vez porque me estresa la rutina, soy inconstante y me aburro de las cosas fácilmente; lo cual entendí cuando siendo adulta descubrí que tengo TDA (Trastorno del déficit de atención).

En mis tiempos, era muy difícil encontrar referentes con ADEE que tuvieran una carrera profesional diferente al espectáculo; y los poco que aparecían, se encontraban en países como EEUU y Europa donde existen más oportunidades y políticas para las personas con discapacidad, que en Colombia.

Mientras cursaba mis estudios universitarios, perdí a mi padre, que era la persona que me inspiraba e impulsaba en mis sueños; para mí fue triste el hecho de que no pudo verme como profesional, pero me quedó la satisfacción que me dejó trabajando y estudiando para poder serlo; lo que me hace sentir más que segura, que segura que se fue al cielo tranquilo de verme encarrilada, soñando con los pies en el suelo.

Para el año 1996, impartí mi primera conferencia, aunque en ese tiempo lo llamaba “testimonio de vida”; la oportunidad se dio ante un grupo de jóvenes cartageneros, en una escuela de liderazgo; fue tan emocionante y gratificante, que desde ese momento no me detuve en ello; recibí toda clase de invitaciones a colegios, parroquias, empresas, hospitales, entre otros. Mi primera conferencia la llamé: ¿Cómo crecer? ¡Súbete a la Silla!

Para el año 2000, el internet empezó su boom, y tener acceso a él, me permitió conocer más de mi condición y empezar a buscar personas para crear una red de amistad y a la vez de apoyo.

En ese tiempo ya escribía, lo hago desde siempre; pero empecé a darle sentido a mis letras con reflexiones inspiradas en mi experiencia de vida, las cuales compartí en internet y se dieron a conocer entre muchas personas relacionadas con la ADEE en varias partes del mundo, convirtiéndome en la primera referente en Colombia que salió a la luz y que fue conocido por otras asociaciones como ALPE de España, ZOE de Argentina, Acondroplasia Uruguay, y ASPPE (Asociación de personas pequeñas de Perú), hasta que en toda esa búsqueda, encontré a la APGC (Asociación pequeños gigantes de Colombia) en el año 2005 y me inscribí en ella, convirtiéndome en parte de su equipo.

En los años 2006 y 2007, di mis primeras conferencias con Pequeños Gigantes, en el 2007 salí por vez primera en un programa de Televisión, ya había salido en artículos de periódicos y revistas tanto físicos como virtuales. En el 2008 viajé por vez primera a Argentina, invitada por la Fundación GEISSER (De enfermedades raras) y ZOE de personas con enanismo; en el 2009 participé como conferencista en un congreso de FECOER (Federación Colombiana de Enfermedades Raras), en el 2010 fui invitada por ALPE a su Congreso Internacional en torno a la acondroplasia, en el 2011, fui invitada a Don Francisco a su Programa Don Francisco Presenta y viajé dos veces a México invitada por la fundación De la Cabeza al Cielo en pro de las personas con ADEE. Pero independiente a eso, en todos esos años, fueron muchas las charlas, talleres y escritos que surgieron y se dieron… En todo ello, encontré el “Para qué” de mi vida, que tanto estuve buscando.

Conocí muchas personas con ADEE; acompañé a padres de familia y cuidadores; he visto niños nacer y crecer, tambien a muchos jóvenes y adultos, que, como yo, buscaban su para qué, y entendí que hay mucho por hacer y que podemos ser lo que queramos ser, simplemente hay que creer en todo lo que somos y tenemos, para lograrlo y vivir a la altura de cualquiera circunstancia que encontremos.

La familia es la principal fabricadora de sueños, es importante acompañar a los hijos desde niños, ayudándoles a descubrir y fortalecer sus aptitudes, darles seguridad, mostrándoles siempre un abanico de muchas posibilidades, donde tengan la oportunidad de elegir, y sobre todo saber y creer que lo que quieren, lo pueden lograr ser y hacer. En las escuelas se apoya mucho estos procesos con la orientación profesional, no está de más hacerlo externamente con ayuda psicológica si es necesario.

Hoy en día existen muchos referentes de personas con ADEE, que son profesionales, deportistas, padres de familia, modelos, artistas, científicos, maestros, diputados, voceros, luchadores por nuestra dignidad y derechos; y esa es una ventaja grande que tienen las nuevas generaciones, porque pueden encontrar modelos que los inspiren en la búsqueda de sus sueños.



6. ¡CÓMO DUELE CRECER!

Desde los 12 años mi cuerpo empezó a cambiar, no fue nada raro porque ya sabía lo que me ocurriría; de hecho, en mi afán de querer crecer, añoraba desarrollarme y sentirme una “señorita”. Pero a veces por más años y por más cambios que tengamos, hay quienes nos siguen hablando en diminutivo y tratando como niños, porque se quedan solo con ver y medir nuestro tamaño.

En los años 80, tener de 11 a 13 años, era toda una aventura; la música, la moda, los artistas, todo nos inundaba la mente de sueños y de pasarla lo mejor posible, sobre todo al lado de nuestros amigos. Yo no fui exenta a eso; también lo viví y lo sentí al máximo, y mi ventaja más grande, era que vivía en una urbanización o conjunto cerrado, desde los 9 años de edad, donde ya todos me conocían tal cual; así que disfruté demasiado de ser una preadolescente.

A partir de los 14 y 15 años, cuando inicia la adolescencia con todas sus fuerzas; los juegos e intereses empezaron a cambiar; ya surgía la atracción por el sexo opuesto, los enamoramientos entre mis amigos y amigas, las ilusiones del primer amor; y yo también empecé a sentir todo eso. Fue allí donde me di cuenta de que, por más que era aceptada, incluida y querida, había algo que limitaba su mirada y resaltaba ese “casi” que me hacía falta y que se relacionaba con unos centímetros de estatura que me hacían ver como una mujercita del tamaño de una niña.

Soñaba con vivir el primer amor y cuando un chico me gustaba, me ilusionaba y me permitía sentirlo, porque en mi corazón y mente; mi tamaño no era impedimento, por eso me sentía libre de compartir con mis amigas como ellas lo hacían conmigo, y nos emocionábamos y apoyábamos entre todas; pero al final me daba cuenta de que, si el muchacho, quien en un principio era mi amigo, se enteraba de mis sentimientos hacía él, al poco tiempo se distanciaba y cambiaba conmigo…

Fueron muchas las veces que escuché al chico que me gustaba decirme: “te estimo mucho, pero como una buena amiga”; “eres especial, valoro tu amistad y, bla, bla, bla"… pero después, aparecían los “casi” escondidos en razones inconclusas, y allí quedaba todo; seguidamente, se daba el distanciamiento y la amistad no era la misma, todo cambiaba…

Más de una vez me ilusioné con que me “echaran el cuento” (así se decía cuando un chico le pedía a una chica ser su novia); y cuando me decían: - “Kary quiero hablar contigo”, yo me ilusionaba, mi corazón creaba toda una historia de amor y pensaba: “ahora sí fue” … pero llegaba el momento esperado, y lo que me querían decir era: “Es que quiero pedirte que me ayudes con una de tus amigas que me gusta mucho”. Y de nuevo mi corazón quedaba roto… En esos tiempos, puedo decir que lo máximo que llegué ser para un chico fue su mejor amiga, y de allí no pasé.

Pero el tema de la adolescencia no es sólo el amor y desamor; también está la moda que no a todos acomoda; los moldes y modelos que impone la sociedad, los planes para divertirse que a veces implicaban aventuras que exigían agilidad física, largas caminadas, deportes extremos, espacios poco accesibles donde era difícil sentirse parte de. El percibir todo eso, en el fondo me afectaba, pero lo evadía y no se lo decía a nadie, porque ni yo lo entendía; además no quería que creyeran que tenía complejos o baja autoestima, y relacionaran lo que estaba viviendo y mis estados de ánimo con la acondroplasia; porque en realidad, yo no tenía problemas con mi condición, sino con las barreras sociales que existían.

Algunos amigos de ese tiempo me dirán, que siempre me vieron con cariño y como alguien especial; y sí, no puedo negar que siempre me quisieron mucho; pero quizás no se dieron cuenta, que cuando sentí por alguno de ellos, algo más que amistad, no pudieron verme de otro modo, sino simplemente como una amiga muy especial.

Esto no es algo solo de las personas con ADEE, sino de muchos adolescentes que tienen alguna condición diferente, sea o no sea de discapacidad, que rompa estereotipos, medidas y moldes impuestos por la sociedad como un estándar de belleza e inclusión. De allí que, en estos tiempos, muchos caen en la autolesión, depresión, desórdenes alimenticios y además presentan problemas de aceptación y autoestima; porque se sienten excluidos por la sociedad.

Por otro lado, están los cambios emocionales que se dan y que son muy difíciles de manejar, más en estos tiempos en los que se habla de salud mental y emocional, especialmente en las nuevas generaciones.

Hay adolescentes con alguna condición especial, en este caso ADEE, a los que les cuesta mucho en la adolescencia, expresar lo que sienten; más aún porque se tiene el pensamiento de que cualquier altibajo que se presente, será relacionado con el hecho de tener una condición, y no se comprende con la simple razón del hecho que todos somos seres humanos. Entonces, se cree que, si alguna vez no se tiene ganas de hacer nada, porque las hormonas así lo incitan, o porque no fue un buen día; algunos podrían deducir que es parte de ser una persona con ADEE o con discapacidad; pero la realidad es que en esa etapa muchas cosas adolecen.

En algunos casos las personas más cercanas no perciben estos cambios y siguen tratando al joven como un niño, lo que le genera reacciones negativas, que algunos asociarían con rebeldía. Pero sólo es un llamado de atención o un grito de: ¡Paren que ya no soy niño, no me traten como tal, no me sobreprotejan, ni me hablen con diminutivos!

He escuchado de madres que me dicen que sus hijos e hijas con ADEE tienen cambios de humor muy fácil, que en ocasiones se aíslan o prefieren no salir, que son muy reservados con sus sentimientos, emociones y experiencias. Otros por el contrario son sociables y queridos por sus amigos, llevan una vida que a la vista de todo es normal, como la de cualquier joven de su edad. Pero no hay que descuidar lo que quizás calla, sus luchas internas, su revolución de emociones, sus anhelos de amar y ser amado, sus desamores y desilusiones al sentirse rechazado por aquella persona que le gusta y tantas preguntas que pueden surgir en su interior de las cuáles no encuentra respuesta y por tanto se desorienta en la búsqueda del sentido de su vida y lo que sueña.

Hay que aprender a darles espacio, sin ser indiferentes; a soltar, sin abandonar, a acompañar, sin asfixiar; a ganarse la confianza, a no exagerar lo que le pasa, porque son las luchas de cualquier adolescente, pero con el “añadido” de una condición física que la sociedad puede señalar o discriminar.

En lo personal, la adolescencia fue la etapa en la que tropecé mucho con eso que anteriormente mencionaba, los “casi” y los "pero"… escuchando muchas veces: “eres linda me agradas, y casi que…” “eres inteligente y valiosa, pero” … “sé que te estás esforzando y casi lo logras”… “tratas de seguir el paso cuando caminas, pero casi los alcanzas” …

Esto y algo de sobreprotección, me afectó mucho a la hora de decidir qué quería para mí vida; a punto de desatender el estudio, acomodarme en mi zona de confort, no esforzarme en las responsabilidades, dejar que me hicieran muchas cosas, así como me daba igual si reprobaba o no; solo quería estar tranquila y ya… Pero nadie, ni yo misma era consciente de lo que me pasaba, porque me enfoqué en estar cómoda, posponer decisiones, evadir cosas y ya.

Caí, reprobé dos años, vi como los demás simplemente pasaban, observaban y me dejaban ir a mi paso, como si creyeran que yo daba lo que tenía y podía, y no lograría más que eso. Pero mi padre nunca se rindió conmigo, no me presionó, pero tampoco dejó que yo creyera que eso era todo lo que podía hacer; él siempre supo que yo era capaz de dar mucho más y me lo dijo muchas veces, tantas, que pude verlo y descubrirlo por mí misma; y me levanté, me sacudí y logré cursar los tres últimos años de colegio, con excelentes resultados y con nuevas amigas que con el tiempo se hicieron hermanas, me tomaron de la mano y se quedaron para siempre.

Después de mucho tiempo, siendo maestra, entendí que en esos años estaba pasando por una crisis de baja autoestima, además que tenía problemas de atención, concentración, agregándole que una de mis debilidades más grandes a causa de mi TDA, es que siempre he sido inconstante.

En estos tiempos, todo eso es más fácil detectarlo en cualquier niño o joven desde la psicología, por eso creo que es valioso ese acompañamiento para esta etapa de la vida. Aunque los adolescentes de hoy son muy diferentes a los de mis tiempos, tienen más estímulos, influencias y están en una era en el que se están rompiendo muchos estereotipos. Pero en países subdesarrollados hay otras realidades que es importante conocer y tener en cuenta.

Y como siempre aclaro, todos somos distintos, vivimos circunstancias únicas, tenemos procesos e historias de vida diferentes, no podemos generalizar los diagnósticos, comportamientos y actitudes; simplemente hay que tener en cuenta las características de la adolescencia, el entorno, las realidades y acompañar desde allí, sin asfixiar y sin abandonar.

EL SÍNDROME DEL ESPEJO…

Por lo general sucede en la adolescencia, pero puede pasarle a los niños y a los adultos, de acuerdo con su historia de vida y procesos personales. He llamado síndrome del espejo al impacto o rechazo que se da ante los pares, cuando nos encontramos con personas que tienen nuestra condición o aquello que rechazamos de nosotros mismos.

Crecemos entre personas de talla promedio e inconscientemente nos vemos y sentimos como ellos, aunque nos veamos en el espejo y sepamos nuestra condición. Pero al encontrarnos con alguien con ADEE y vernos en esa persona, puede ocasionar cierto rechazo a ese encuentro, incomodidad, negación y ganas de evadir o evitar, más aún si estamos acompañados de seres queridos, porque además de vernos como en un espejo, sentiremos o supondremos que los demás nos miran, comparan y resaltan nuestras características físicas y diferencias.

Mi primer encuentro cercano con una persona con ADEE fue en un quinceañero; era un chico que podía tener entre 18 a 20 años; el hacía parte de una orquesta, pero su oficio era bailar y animar. Al verme, quiso acercarse, pero yo quise hacer todo lo contrario; lo evitaba, me escondía, porque me llené de miedo y vergüenza; sentía que al verlo y al verme, todas las miradas del lugar caían sobre ambos como si fuera un espectáculo. Era apenas natural que pensara en eso, puesto en esos tiempos lo que más se conocía de las personas con enanismo era el estigma que tenían con los circos y plazas de toros, donde su único oficio era divertir y entretener a los demás, despertando las risas y burlas de la sociedad; y yo no quería sentir ese tipo de miradas sobre mí.

Ese chico, “Carlos”, en ese momento de mi vida, reflejaba lo que yo no quería ver en mí misma: mi cuerpo, mi condición, aquello que me hacía diferente a los demás y llamaba la atención, sobre todo cuando lo único que anhelaba era pasar desapercibida. Al fin, en medio de la fiesta, me lo presentaron, nos tomaron una foto y nunca más lo vi ni supe de él. Pero conservé su foto por todo lo que comprendí; me ayudó a descubrir el síndrome del espejo; y hoy día, siempre comparto su imagen en mis conferencias, como aprendizaje y recuerdo de esa experiencia.

En 1988 salió una película llamada “Willow”, su género es fantasía, habla de una persona con ADEE que es hechicero y vive en una aldea donde todos son personas con algún tipo de enanismo. Ver esa película me hizo imaginar cómo sería el mundo si todos fuéramos personas de talla baja y pudiéramos vernos a los ojos sin levantar la mirada, bailar con alguien del mismo tamaño, entre tantas cosas… Y desde allí empecé a cobijar la ilusión de conocer más personas con ADEE y fue cuando apareció “Leo”, yo tenía como 20 años y ella puede que 30 a 40, trabajaba en un colegio colaborando con el aseo. Nos vimos como 3 o 4 veces y fue muy bonita la experiencia, me sentí cómoda, superé mi síndrome del espejo. Pero con el tiempo se me perdió del mapa y no supe más de ella.

Alguna vez vi de lejos a otras personas con enanismo, pero siempre he sido prudente a la hora de acercarme, porque cada uno tiene sus procesos. Luego apareció el internet, y mi vida cambió.

Creo que en estos tiempos ha sido más fácil para las nuevas generaciones el superar ese síndrome, porque existen asociaciones en muchos rincones del mundo, hay en muchos países referentes con ADEE que desempeñan muchos oficios y profesiones, además que siempre se están promoviendo congresos que ayuden a la integración y socialización; de los cuales puedo afirmar que son de las experiencias más enriquecedoras y gratificantes que podemos vivir.

Aun así, cuando me encuentro en la calle con alguna persona con enanismo, soy muy respetuosa y prudente; le sonrío y trato de conectar con la mirada; si veo que me evita, me alejo; pero si percibo que me sonríe, me acerco, le pregunto su nombre y la hago parte de mi grupo de amistades.  (Fragmento del libro VIVIR A LA ALTURA DE LAS CIRCUNSTANCIAS) 



viernes, 22 de diciembre de 2023

5. VIVIR SIN DARME CUENTA...

Nacemos sin darnos cuenta de nada, por eso siempre he creído que lo más hermoso de los bebés y los niños, es su inocencia.

Cuenta mi madre, que siempre fui muy tranquila, sociable, risueña, dormilona. A los casi 4 años, nació mi hermano, y me confiesa ella, que a causa del desconocimiento que había en esos tiempos, tuvo miedo de que se repitiera mi condición. Es natural que el más grande temor de los padres, es tener un hijo con discapacidad con todo lo que eso implica frente a la salud y la sociedad; ninguno quiere que su hijo sufra por enfermedad y mucho menos por sentirse señalado o discriminado; y nuestra condición de ADEE, es la única que causa burla.

Haciendo memoria de mis primeros años, no recuerdo nunca haberme sentido diferente o inferior que los demás; y eso que justo a mis 7 años nació mi hermana menor y quizás hubiera podido caer en la comparación entre las dos niñas; pero eso no ocurrió jamás. Por eso puedo asegurar que viví sin darme cuenta de las miradas, ni de las palabras de los demás.

Asistí al preescolar desde los 4 años, ahí estuve año y medio, porque a los 5 años ya sabía leer y me promovieron al grado primero elemental. Y no recuerdo nada raro, ni traumático; al contrario, siempre me sentí amada por mis maestros y compañeros.

Con solo 7 años ya tenía mis primeras amigas de barrio, vivían en un callejón detrás de mi casa, sus padres me querían como su propia hija y ellas me trataban como una de sus hermanas. Con ellas aprendí a patinar, montaba triciclo, jugábamos a las muñecas, bailábamos y cantábamos; y nunca me sentí rechazada ni diferente.

Me cambiaron de colegio a uno más grande para iniciar la primaria y sólo recuerdo que una niña me dijo: Enana y otra le recordó la advertencia de la rectora; pero en ese tiempo, vivía sin darme cuenta de lo que eso significaba.

Creo que fue en el colegio y en la calle cuando empecé a darme cuenta de que la palabra enana tenía que ver algo conmigo, pero en mi inocencia yo no lo creía, porque los enanos que conocía en ese tiempo eran los de los libros de Blanca Nieves y no me parecía a ellos.

Con el tiempo me fui dando cuenta que me trataban especial, con algunos privilegios, ser la primera en la fila, darme más tiempo para algunas tareas, evadirme de otras, tratarme con cariño y ternura; y en los primeros años eso es agradable. Nunca pensé que era por una condición, sino por mi propia personalidad y creo que fue la suma de ambas.

Algo a favor de mis tiempos, es que había menos gente y los espacios eran más seguros, por tanto, no me exponía mucho. Cuando llegaba por vez primera a un lugar, experimentaba solo la curiosidad de lo nuevo, pero cuando me conocían, me amaban y todo surgía normal; pero en el fondo si había mucho de trato especial, sólo que yo lo disfrutaba.

Mis hermanos me ayudaron a entender la diversidad, todos tan diferentes ellos y yo; verlos me hacía sentir que simplemente nadie era igual. Ser la más bajita no era desventaja, sino que me ayudaba a ingeniármelas para estar a la altura de las circunstancias.

Tener un hermano mayor, me enseñó a defenderme; él me molestaba como el típico hermano mayor, pero eso me hizo más fuerte; ser la del medio me permitió ser independiente; y tener hermanos menores, me ayudó a crecer por dentro, porque muchas veces fui su ejemplo y referente. Todo eso lo aprendí y viví sin darme cuenta.

En mi niñez no existía la palabra acondroplasia, ni ADEE; solo “enana”, pero era como si a alguien le dijeran “gordo” o “flaco”. Yo no sabía lo que significaba, solo me golpeaba de acuerdo con el sentimiento con el que era pronunciada…

Traté de hacer siempre lo que hacían los niños de mi edad, montar bicicleta, patines, correr, jugar; nunca me sentí es desventajas, sólo cuando corría, en algunas competencias; pero yo pensaba que todos teníamos cosas que podíamos y no podíamos hacer; yo era ágil para algunas cosas, hasta me mordía el codo y me tocaba la frente con la punta del pie y los demás no; por tanto, era válido que no fuera tan veloz al correr. Descubrí mis competencias y ventajas, y las aproveché.

Tenía algo a favor frente a mis amigos, y era mi creatividad; siempre inventaba juegos, aventuras, historias; eso nació conmigo. Por tanto, era las de las iniciativas a la hora de crear planes.

Eran otros tiempos…

Algo que me marcó sin darme cuenta, era ser el centro de atención; pero eso me gustaba, porque siempre quise hacer cosas relacionadas con el arte y la farándula. Sólo que en ocasiones ser muy observado y aplaudido, cohíbe; y ser muy abrazado y mimado, asfixia.

Hay madres que me cuentan que sus niños con ADEE son poco sociables y a veces hasta reaccionan mal con las manifestaciones de cariño de los demás. Pero es por eso, porque se cansan de ser siempre abrazados, mimados y tratados como bebés, aunque ya son niños de mayor edad.

Los niños de ahora se comparan más entre ellos y algunos hasta manifiestan que quieren crecer como sus amigos, porque se sienten en desventaja en ciertos juegos. También, hay niños que prefieren no participar en actos culturales ni eventos sociales frecuentados por mucha gente, porque se sienten más observados y señalados que los demás; y siempre he afirmado que tratar demasiado especial, es otra forma sutil de discriminar.

Ahora puede ser más fácil o difícil ser un niño con ADEE; más fácil porque hay más información y menos desconocimiento; además, las nuevas generaciones luchan incansablemente por romper los estereotipos que la sociedad y el consumismo inventan; así mismo, nacen y crecen con necesidad de ser y hacer amigos; lo que le facilita más el trato amable, protector e incluyente. Pero puede ser más difícil, porque hay muchos que crecen en hogares disfuncionales, carentes de compañía, seguridad, amor y cuidado, algunos con presencia de maltrato; pero eso es algo que con amor y educación se puede superar.

El tema médico también preocupa mucho a las madres en la infancia; a mi madre le metieron miedo con todo, le dijeron que quizás no viviría más de 10 años, que las gripas eran mortales, que padecería de dolores de oído, que no me dejara subir de peso, que quizás yo no sería feliz, etc.

Por mi parte no recuerdo haber ido a tanto médico, solo a los controles normales con mi pediatra, los cuales me encantaban porque me daban un chupete de dulce.

Pero hoy en día, se habla de otorrinos, ortopedas, nutricionistas, genetistas, fisioterapeutas, endocrinólogos y hasta psicólogos, para atender las necesidades físicas y emocionales que pueden surgir desde nuestra condición; pero se ha comprobado que, si todo eso se trata desde niños, llegan a afectar mucho menos en la adultez. Aunque considero que todavía hay mucho desconocimiento por parte de algunos especialistas que generalizan en algunos de sus diagnósticos y tratamientos.

También es de anotar que hay niños que tienen complicaciones de diferentes tipos y necesitan tratamientos, cirugías y acompañamiento desde muy temprana edad; porque en las ADEE, cada persona trae lo suyo y aunque hay muchas experiencias parecidas, hay otras que son individuales.

Por todo esto, el tema médico es el más común y el que más causa preocupación en los padres de familia, quienes se agrupan en asociaciones y fundaciones en búsqueda de políticas, leyes y cumplimiento de derechos que favorezcan en los costos, la atención y medicamentos, por ser la ADEE una enfermedad rara y una discapacidad.

LA ESCUELA…

Para cualquier niño, la escuela es un desafío. Pero para más aún para un niño con discapacidad.

Amé y sigo amando mi colegio, me trataron con amor, me crearon un espacio seguro y yo construí allí mi zona de confort; me dejaron ser y hacer, y hasta no hacer, y digo esto porque simplemente en mis búsquedas personales, dejé de esforzarme por el estudio, le di prioridades a otras cosas y en bachillerato reprobé dos años, en los cuales, al final no fueron pérdida, porque fue una experiencia de la que aprendí demasiado.

Cuando me preguntan ¿qué me pasó? Respondo, creo que me faltó un poco más de autoexigencia para así poder descubrir y sacar todo lo que podía dar y no simplemente quedarme ahí con lo que quería dar o no dar. No fue culpa de nadie, mis maestros y las directivas me amaron al extremo, para ellos y para mis compañeras, solo tengo infinito amor y agradecimiento. Creo que todo fue consecuencia de mis procesos personales, además, eran otros tiempos; el modelo educativo no era como ahora, antes la educación se impartía en forma general y no se fijaba tanto en las diferencias del ser y las competencias múltiples de cada uno. Todo eso, más las batallas internas que enfrentaba sin darme cuenta, me hizo acomodarme y no autoexigirme.

En el preescolar y primaria fue sencillo, siempre aprobé con buenos resultados; amaba las letras y el arte, además era la protegida y acogida de mis compañeras, quienes siempre me motivaban y llevaban a su ritmo. Pero no puedo negar que sabía que tenía algo especial y me aprovechaba de eso, lo que a veces me llevaba en coche y sin esfuerzo.

No era que no fuera capaz, era que el estudio no era mi prioridad, pensaba en otras cosas, en montar bici, tener amigas, ver tv, jugar, etc; y aunque sabía que para mi papá y mi rectora era su mayor preocupación, para mí, estudiar no era algo que me motivara a hacer.

Nunca viví el acoso escolar; las niñas nuevas se acostumbraban rápido a mí, quizás al principio hacían preguntas curiosas, pero al poco rato, me conocían y me incluían, siendo yo una más entre ellas. Las que eran mayores me protegían y mimaban demasiado; lo suficiente para que por un tiempo, prefiriera estar con ellas en los recreos y disfrutar de sus mimos y privilegios. Así fue como, en el colegio, desde los 11 a 14 años, andaba con las chicas de 16 a 18 años. Porque yo tenía porte de una niña de 5 años y les gustaba mimarme y a mi disfrutar de eso.

Para un niño, sentirse el centro de atención, mimado y sobreprotegido, sino se mantiene un equilibrio con responsabilidades, tareas y exigencias; puede ser perjudicial; porque no va a darlo todo, ni siquiera a explorar aquello que tiene y que le hace único, simplemente se acomoda, estanca y crea una zona de confort que lo limita en sus sueños.

De todos modos, aunque gracias a Dios yo no tuve problema ni lo viví; siempre le digo a los padres de familia que hay que estar muy atentos a todas las alarmas que puedan indicar si el niño no se siente cómodo en su escuela, ya sea por acoso o por inadaptación o cualquier otro motivo. Algunas de estos avisos pueden ser: que no quiera ir, que sienta miedo o inseguridad, que cambie sus estados de ánimo y se vuelva más retraído o introvertido, etc. Esto va para todos los niños sin importar la condición. De ser así, se aconseja hablar en la escuela e iniciar el acompañamiento y la atención necesaria desde Psico-orientación y con escuelas para padres, para que desde casa todos aprendan a convivir, amar y respetar las diferencias.

A la mayoría de los padres de niños con ADEE, cuando se toca el tema de la escuela, les causa preocupación lo mismo: Las preguntas, miradas y comentarios de los demás niños, la hora del recreo, el trato de los docentes, las posturas en la silla, la ida al baño en los primeros años, los ejercicios y el deporte, los juegos bruscos, las competencias, la sociabilidad, en otras circunstancias.

Conozco el caso de padres que han enfrentado el rechazo con algunas escuelas que manifiestan no estar preparados para niños con ADEE, por simple desconocimiento e ignorancia del tema; porque en realidad no necesitan hacer ningún tipo de adaptaciones del currículo ya que el desarrollo cognitivo es como el de cualquier persona; lo único sería algunas adaptaciones en la parte de accesibilidad en sillas, baños o tableros; nada del otro mundo.

Para los más chicos, el tema de ir al baño es delicado, más aún si son baños de tamaño promedio. Para eso hay que estar atentos, acompañar, guiar, mientras aprende a ser independiente. Porque puede suceder que tenga algún accidente por no querer pedir ayuda al respecto.

También, se debe estar vigilantes frente a la socialización, el trato y la relación con los compañeros, para que no haya acoso, burlas o manipulación de parte y parte. De resto, la exigencia en lo académico y disciplinario debe ser igual a los demás, sin distinciones, ni privilegios.

Si educas a un niño, educas a un adulto y a la sociedad. Por eso el camino está en formar, educar, dar respuesta a sus preguntas, sin mentiras ni fantasía, tampoco con demasiada información que no entiendan. A los niños hay que enseñarles a reconocer, valorar y respetar las diferencias desde muy temprana edad.

Soy maestra y mi condición de persona con ADEE fue una ventaja cuando estuve orientando la Básica Primaria, por un lado, porque mis estudiantes eran de mi tamaño, lo que permitió que la comunicación y confianza que se crearon fuera plena y lo facilitó todo; por otro lado, porque siempre he creído que he tenido en mis manos la oportunidad de educar a la sociedad desde mi quehacer. Ahora que son más de 30 años como Maestra y Animadora Pastoral, y que trabajo con todas las edades, se me olvida realmente mi condición y estoy segura de que el cariño y el respeto que me he ganado es por mi profesionalismo y personalidad, y no por mi apariencia, aunque reconozco que mi condición es una puerta abierta que me ha ayudado a acercarme más, porque he sabido sacar ventajas de las desventajas.

Desde hace unos años, al colegio donde soy docente, llegó Alana (niña con ADEE) a cursar preescolar, y para ella ha sido un poco más fácil muchas cosas; porque, aunque llama la atención por su belleza y ternura, no hay curiosidades frente a su condición, debido a que todos los niños me conocen y saben que tengo acondroplasia; además la confianza que me tienen les permite hacerme preguntas las cuales aprovecho para explicarles de los tipos de enanismo que existen y de las características más comunes que tenemos. Todo es una oportunidad de formar a la sociedad y transformar miradas. También en lo personal, me ha sido muy enriquecedor acompañar a Alana en sus procesos, porque es una oportunidad para auto sanarme mientras camino con ella, en su lucha de hacer realidad sus sueños.

Al final, algo que ayuda mucho a la escuela es ofrecer charlas, para directivas, maestros, padres de familia y estudiantes, por todo el desconocimiento que hay frente a las ADEE.

LA EDAD DE LOS PORQUÉS…

Las que atraviesan todos los niños en esa edad, cuando se comparan con sus pares y quieren hacer lo que ellos hacen. Entonces vienen las preguntas: ¿Por qué no soy grande como él o ella? ¿Yo quiero correr más rápido? ¿Por qué no me eligen en los equipos? ¿Por qué mi bici es más pequeña que la de los demás? ¿Por qué ellos pueden y hacen eso y yo no? ¿Algún día voy a crecer?...

A mí nunca me explicaron lo que me pasaba y yo nunca pregunté nada; preferí buscar mis propias respuestas o no fijarme en lo que no entendía; en cambio, opté por vivir lo que tenía y era, no sé si fue fortaleza, un mecanismo de defensa o un escape el pensar que no había nada que preguntar, porque a lo mejor no iba a entender las respuestas. Pero muchos niños no son así; porque si se ven, se comparan con otros y se cuestionan al respecto.

Siempre aconsejo hablar de las diferencias de todas las criaturas de Dios, de lo que cada uno puede y no puede hacer, de las ventajas y desventajas. Y estas charlas creo que tienen más efecto cuando se hacen a todo el grupo, en una clase, desde preescolar cuando tratamos el tema del cuerpo y del autoconocimiento.

Es también muy importante ayudar al niño a descubrir sus inteligencias múltiples (Los seres humanos pueden conocer el mundo de ocho modos diferentes, que Gardner llama las ocho inteligencias humanas: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal, naturalista, interpersonal e intrapersonal.). Todo aquello para lo que es ágil y bueno, en lo que se destaca; y todo eso hay que fortalecerlo, ayudándole a cultivar sus aptitudes y talentos, que son los que va a poder usar en su vida y desarrollo personal.

En lo personal mi padre, me ayudó a descubrirlo y el arte, se convirtió en mi escalón más grande que me hacía sentir que tocaba el cielo; desde niña escribía cuentos, poemas, cantaba, bailaba, me gustaba la música, el teatro y siempre participaba o lideraba lo que tenía que ver con eso. Y aun cuando académicamente perdía materias, yo sabía que tenía cosas para lo que era realmente buena y esa fue mi fortaleza para no rendirme y poder levantarme cada vez que tropezaba y caía.

Estas charlas o clases en las que se trabajen las diferencias y las inteligencias múltiples podrán ayudar no sólo a los niños con ADEE, sino a todos los niños, porque es común que existan algunos que desde pequeños sufran por ser gorditos o delgados, o el color de su piel, o no ser buenos deportistas, etc.

Los niños de preescolar y de Básica Primaria, están en la edad precisa para fortalecer su autoestima y seguridad, en la medida que los ayudamos a ir conociéndose, amándose y descubriendo sus propios talentos.

Algunos padres me preguntan, ¿cuándo le digo a mi hijo que tiene acondroplasia? A lo que siempre respondo, cuando él mismo empiece a notar sus diferencias y a preguntar cosas; dándole respuestas reales, no fantasiosas como que no creciste porque no comías o porque te portaste mal. Esta respuesta o explicación tampoco debe darse a los niños de talla promedio que preguntan por qué su hermano o amigo es talla baja; porque van a suponer y afirmar que no creció porque no se alimentó bien o hizo algo mal y fue castigado; y eso no es sano para ninguno, ni tampoco es formativo.

Desde mi fe, siempre les digo en mis charlas, que Dios es el más grande artista que existe y todo lo hace diferente, con variedad de formas, tamaños, colores, texturas, culturas… Y le pongo como ejemplo la diversidad de plantas, animales, paisajes, personas que existen; y de eso modo, trato que nos miremos unos con otros, descubriendo y valorando nuestras propias diferencias, porque nadie es más ni menos por cómo se ve, ni por lo que tiene. 



4. LA FAMILIA ES LO PRIMERO...

Para todo ser humano, la familia es el nido en el que crece seguro; allí es donde se nutre y alimenta de todo lo que lo va a hacer fuerte a la hora de enfrentar el mundo.

El amor, el apoyo y la seguridad que se transmita en los 18 primeros años, es fundamental para toda la vida y aunque muchos psicólogos se quedan solo con los primeros 7 años de vida, he comprobado que el acompañamiento en la adolescencia es necesario para cualquier persona.

Y sí, no existe un manual que te enseñe a ser padre o madre; y menos que diga como criar a una persona con ADEE o con cualquier otra discapacidad. Con el tiempo, es la misma condición la que se convierte en escuela y son los padres los primeros que deben aprender a asumir, fortalecerse y dar la cara al mundo; para ser asertivos en la educación y formación que se le dé al niño.

En mi tiempo mis padres se enfrentaron con la noticia en el momento de mi nacimiento; pero hoy en día es muy probable que en el 5 mes ya se logre dar un diagnóstico de que el bebé viene con alguna displasia esquelética o discapacidad; por tanto, es de suma importancia que el proceso de acompañamiento al duelo que cuide el estado anímico de la madre, sea desde el momento en que conoce la noticia.

Se ha comprobado que, en la gestación, él bebe recibe los estados emocionales, los pensamientos y sentimientos de la madre. Lo cual influirá mucho en su desarrollo psicoemocional, físico, mental e incluso espiritual.

La influencia de la madre desde el vientre es la que ayuda o enseña en un primer momento a percibir la vida con confianza, optimismo y seguridad. Pero si la madre está triste, deprimida, angustiada, asustada; esos miedos se transmiten al bebé e influyen en el desarrollo de su personalidad; ya que a partir del sexto mes, los circuitos neuronales de nuestro cerebro están desarrollados como los de un recién nacido; lo que hace que sintamos el impacto de los pensamientos y sentimientos de amor y aceptación de ella hacia nosotros. Lo que siente, le sentimos propio.

Es importante que el entorno en el que se desarrolle el embarazo sea cálido, amoroso; y que eso mismo se espere y se encuentre al momento del nacimiento. Porque los seres humanos, desde el útero, hasta los dos años, no podemos pensar; solo podemos sentir y autoabastecernos, desarrollarnos y movernos. Pero vamos registrando todo lo que percibimos y recibimos especialmente de nuestra madre, y esto tarde o temprano sale a flote, sobre todo cuando somos adultos.

Por otra parte, el padre es el factor estabilizador o desestabilizador de la madre durante el embarazo y el nacimiento. Su papel también es de suma importancia.

Si el momento de nacer es traumático, el que ese proceso haya sido fácil o difícil; doloroso o tranquilo, relajado o violento, también determina en gran medida, lo que será nuestra personalidad y cómo percibiremos el mundo que nos rodea.

Desde que nacemos, creamos relación con nuestra madre, porque es la primera persona encargada de dar cuidado, protección, contención, nutrición y amor en ese estado vulnerable con el que venimos al mundo. Sabemos que quizás para ella, que recibe sorpresivamente la noticia de que su hijo tiene alguna discapacidad, puede experimentar frustración, rechazo y miedo, el cual debe saber manejar y tener el acompañamiento adecuado, porque todas esas sensaciones, vínculos que se crean entre madre e hijo al nacer, son los que le permitirán más adelante desarrollar su relación y percepción consigo mismo y con el mundo.

De niños necesitamos esa conexión estable, desde el contacto, con las miradas, los abrazos, sintiendo su pecho y corazón, escuchando sus palabras amorosas. De ahí empezamos a fortalecer nuestra afectividad y a aprender a abrirnos al mundo.

Aclaro que todo lo anterior lo he comprendido y aprendido de lecturas, charlas y estudios desde la psicología y el reconectar con nuestro niño interior.

Quiero decirles a todas las madres que quizás por desinformación e ignorancia, también por la falta de acompañamiento y por la misma fragilidad humana, sienten que fallaron en algunos de estos aspectos; que no llenen de culpa, ni remordimientos; porque son madres valientes que hicieron y dieron lo mejor de sí mismas en esos momentos, con lo que tenían y eran; y eso es algo muy valioso que sus hijos lo agradecerán eternamente.

Para los padres, madres y cuidadores, hay que tener presente, que lo que necesita cualquier bebé y en especial un niño con discapacidad es amor, cariño, cuidado y protección en sus primeros años, sin excedernos en la sobreprotección y sobre atención que no solo hace mucho daño, sino que crea dependencias, inseguridades, personalidades frágiles.

No podemos comparar una familia con otra, porque las creencias, la cultura, el entorno influyen demasiado en la crianza y en el ambiente que crece el niño; por tanto, cada uno hace lo que cree conveniente en su tiempo y espacio, con lo que es y tiene.

Es enriquecedor ver cómo hoy en día, gracias a las redes y la web, muchas madres y padres de niños con ADEE comparten experiencias, consejos y aprendizajes desde lo social, médico y formativo; esto ha permitido fortalecer anímicamente a familias, orientar en la búsqueda de respuestas y pasos a dar; pero es de suma importancia tener en cuenta que cada niño es diferente y que no todos viven las mismas circunstancias; por eso es importante tener siempre un acompañamiento profesional y sobre todo, estar muy seguros del diagnóstico.

Es la familia el primer lugar donde se aprende a enfrentar el estigma social, porque los padres son los primeros que sufren con las miradas, las preguntas y los comentarios de la gente. Para ellos, es todo un desafío salir a la calle, saber cómo actúa y responder ante las miradas, las palabras, las reacciones de los demás. Es muy difícil dar respuestas que casi ni se saben si son las correctas. He escuchado a muchas madres contarme sus experiencias y decirme: “No sé si hice bien o mal reaccionando de este modo diciendo lo que dije” o “a veces prefiero no salir tanto para evitar esos momentos”.

No hay nada que esconder, ni siquiera para proteger. Recuerdo que, en mis tiempos, no era común ver personas con ADEE por la calle, porque simplemente los escondían; los pocos que veía era en circos, plazas de toro o películas de duendes y fantasía. Por eso cuando nos veían, nos relacionaban o comparaban con ellos, creyendo que no podíamos realizar ningún otro oficio. De allí la lucha de muchas fundaciones como ALPE en España, que está en contra de cualquier tipo de espectáculo que promueva a la persona con ADEE como objeto de burla y entretenimiento; por el estigma que se crea con niños, jóvenes y adultos que tienen la misma condición.

Descubrí mis diferencias cuando salía a la calle con mi madre y vi cómo le afectaban las miradas y las palabras de la gente cuando me decían enana… Entendí que algo malo me pasaba, creí que esa palabra era una especie de grosería u ofensa que a ella le afectaba. Conocí en ese instante la diferencia entre las miradas curiosas y las miradas burlonas o crueles de la sociedad; y a ella cualquiera de esas miradas, la lastimaban. Por eso, algunas veces esas miradas también me afectaban, más que por mí, por ella…. Lo que me permitió comprender con el tiempo, que muchos de nosotros, lo primero que debemos enfrentar, es ver lo que sufren nuestros seres amados con el estigma social, y es ahí cuando empieza también a afectarnos a nosotros.

De allí viene lo que he llamado “acción- reacción- percepción”, que explico de la siguiente manera: como hijo o hija me doy cuenta que cuando alguien me mira de manera diferente, o me dice enana (acción); mi madre reacciona, se enoja, llora, pelea o huye; lo que me hace percibir que algo malo me pasa, ella sufre por mí, hay algo en mí que causa curiosidad o burla (percepción). Y todo eso, son estímulos externos que dejan huellas en la memoria y obligan a tener una respuesta emocional de enojo, frustración, rechazo, tanto en los padres como en los hijos.

¿Qué hago? Me han preguntado y quizás me dirán muchos; como padres y adultos (porque los padres son los adultos), armarse de valor, responder con paz, como cuando enseñas algo a quien no sabe. Muchos de esos comentarios son por ignorancia y otros por crueldad porque quien daña a alguien es porque está dañado interiormente en su historia de vida; por tanto, lo mejor es enfrentar la situación con valentía, porque hay un niño o niña que mira y encuentra en el adulto que lo acompaña el primer espejo en el que se ve; aunque luego le toque a ese adulto encerrarse a llorar en el cuarto, hablarlo con alguien más y salir de nuevo a enfrentarlo con valor y paz.

Admiro demasiado a mis padres y los padres que estuvieron antes de que existieran las redes sociales, porque no tuvieron el apoyo de nadie, ni psicólogos, ni fundaciones, ni asociaciones, ni internet. En esos tiempos ni siquiera los médicos estaban especializados en ADEE. Ellos, me protegieron, pero no me escondieron; me corrigieron cuando me equivoqué, aunque sé que para mi padre fui su debilidad y me dejó pasar más de una cosa; me trataron como uno más de mis hermanos y me ayudaron a crecer sin complejos, segura, alegre y auténtica.

Nunca les hice preguntas, de pronto porque no me interesaba encontrar respuestas y ellos nunca me hablaron de cosas que quizás no sabían cómo explicar. Lo que hicieron fue por instinto y amor, nadie les enseñó, la acondroplasia fue su maestra.

¿Y EL RESTO DE LA FAMILIA?…

No hay que dejar de lado al resto de la familia, mucho menos si hay hermanos…

Algunas veces los hermanos terminan siendo invisibles para los demás y hasta llegan a ocupar un segundo plano en la atención e importancia de sus necesidades; porque todo se enfoca en el niño con ADEE; sobre todo con los tíos, abuelos, amistades de la familia, entre otros. Y eso suele ser muy difícil para ellos. He escuchado a hermanos decirme: Quiero tener acondroplasia para ser como mi hermano o hermana.

Es aconsejable que los padres actúen con prudencia y sabiduría, haciendo también que los demás mantengan el equilibrio en el afecto y la atención; porque puede ser perjudicial hasta para el mismo niño con ADEE, quien inocentemente se acomoda en las circunstancias y puede llegar a construir una personalidad insegura, manipuladora, con apegos y carencias afectivas, producto de la malacrianza; esto le puede ocurrir a cualquier creatura, así no sea una persona con discapacidad.

En casa nunca me hablaron de mi condición, creo que tampoco a mis hermanos; ese era un tema tabú o prohibido, supongo que por el mismo desconocimiento o por tratar de que creciera en un ambiente “normal” e “igualitario”. No sé si ellos tuvieron curiosidad al respecto, a veces creo que no, porque nunca sentí nada diferente en su trato, fui una más entre todos y siempre, hasta la fecha, nos hemos llevado muy bien.

Reconozco que, por el lado de mi familia materna, fui la predilecta de mi abuelo, lo que se equilibraba con el que mi hermano mayor fuese el predilecto de mi abuela; y en mi familia paterna, fui siempre el punto de atención de tíos y primos; y en cuanto a los demás parientes, inevitablemente era la que llamaba la atención, más que por ser pequeña, por mi personalidad abierta, alegre, dinámica, artista, espontánea, que seguro combinaba bien con la ternura que inspiramos las personas con ADEE en nuestra niñez.

Fui una niña independiente y eso fue más fácil siendo la segunda de cuatro hermanos; lo que permitió desviar la atención de mi madre, quien siempre ha tenido instinto sobreprotector con todos sus hijos; y por el lado de mi padre, él asumió el rol de impulsarme, animarme, fabricar sueños a mi lado; y aunque siempre fue especial con todos sus hijos, se le notaba como se extasiaba con mi personalidad, por eso me motivó e impulsó a lograr todo lo que se me ocurriera por imposible que pareciera. Por todo eso, puedo decir a viva voz, que mi niñez fue muy hermosa y especial, además que crecí en un ambiente seguro, tanto en la familia, como en la escuela y lo social; porque estudié desde los 5 años en el mismo colegio y pasé los primero años de mi vida en una urbanización de 67 casas que se convirtió en mi mundo, donde todos me conocían, nadie preguntaba nada; y simplemente fui amada, aceptada y admirada por todas las cualidades en mi personalidad y en mis aptitudes que iba desarrollando y dando a conocer a todo el mundo.






jueves, 21 de diciembre de 2023

3. DE LA ACONDROPLASIA

Quiero hablar específicamente de esta condición, porque es la que poseo. Pero en este capítulo podrían estar muchos nombres de otras condiciones o patologías que hacen alusión no solo al enanismo, o a lo que ya se ha denominado las ADEE (Acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo); sino a la discapacidad,

En internet hay muchas definiciones, estadísticas y explicaciones de lo que es la acondroplasia, pero de todo lo que he leído, lo que compartiré es lo que creo que más se aproxima a lo que es:

“La acondroplasia es un trastorno genético del crecimiento óseo, que causa una displasia esquelética; es uno de los muchos tipos de enanismo que existen; hoy ya se puede hacer evidente desde el 5 o 6 mes de embarazo. Esta displasia se presenta en uno de cada 20.000 bebés y ocurre en ambos sexos.

El término Acondroplasia, lo propuso Parrot en 1.878, palabra que proviene del griego (chondros= cartílago y plasis= formación), por el escaso crecimiento cartilaginoso que se produce en esta displasia.

Historia
Sobre la existencia de esta condición, existen datos tanto en la literatura como en la pintura y demás artes plásticas. El hallazgo, en Inglaterra por Brinton, de un esqueleto bien conservado correspondiente, al parecer, a una persona con acondroplasia, data de la época Neolítica (más de 7.000 años). Otros descubrimientos prehistóricos hechos en los Estados Unidos oscilan entre los 500 y los 3.000 años de antigüedad.

El enanismo era habitual en Egipto, y son frecuentes las representaciones de la acondroplasia. No olvidemos que el dios familiar egipcio Bes también era representado como una persona con acondroplasia.

¿Cómo se produce?

La acondroplasia se produce a causa de la mutación de un gen, que se encuentra en el cuarto par de cromosomas (los humanos tienen 23 pares de cromosomas). En algunos casos, un niño hereda la acondroplasia de un progenitor que también es acondroplásico. Si uno de los padres es acondroplásico y el otro no lo es, en cada embarazo existe una probabilidad del 25 por ciento de que el niño herede la condición. Si los dos padres son acondroplásicos, existe una probabilidad del 50 por ciento de que el niño herede la acondroplasia, una probabilidad del 25 por ciento de que no la herede y una probabilidad del 25 por ciento de que el niño herede un gen anormal de cada uno de sus padres, lo que producirá graves anomalías del esqueleto y conducirá a una muerte temprana. Si el niño no hereda el gen de la acondroplasia, no tendrá la condición y no podrá transmitir el gen a sus propios hijos. Sin embargo, en la mayoría de los casos (más del 80 por ciento) la acondroplasia no se hereda, sino que resulta de una mutación (cambio) producida en el óvulo o en el espermatozoide que forma el embrión. Por lo general, los padres de niños con acondroplasia causada por estas mutaciones son de tamaño promedio.

Lo típico es que estos padres no tengan otros niños con acondroplasia. Las probabilidades de que tengan un segundo niño acondroplásico son extremadamente pequeñas. Los especialistas en genética han observado que es más probable que los padres de edad mayor que la habitual (40 años o más) tengan niños con acondroplasia y algunas otras condiciones dependientes de genes dominantes que han experimentado mutaciones. Los individuos con acondroplasia resultante de mutaciones transmiten el trastorno a sus hijos de la manera previamente descrita.

En el año 1994 se consiguió identificar el gen que causa la acondroplasia. Gracias a este descubrimiento fue posible desarrollar pruebas de alta precisión que permiten diagnosticar la acondroplasia durante el embarazo. Estas pruebas pueden realizarse cuando ambos progenitores tienen acondroplasia.

Características físicas: ¿Qué le pasa al bebé?

La acondroplasia es una anomalía generalizada del esqueleto en el que el crecimiento longitudinal de los huesos se ve disminuido. La característica que más llama la atención es evidentemente la talla baja. Al nacer oscila entre 46 y 48 cm. La talla adulta es aproximadamente de 130 cm. en el varón y de 125 en la hembra. Las manifestaciones que se observan principalmente en un niño con acondroplasia son las siguientes:

El pecho o tórax es relativamente normal. Los brazos y piernas son cortos; la parte superior de estos miembros (brazo y muslo) son más cortos que la inferior (antebrazo y pantorrilla). Las articulaciones son normales, pero presentan un aspecto ensanchado con respecto al resto del hueso. Algunas de ellas a veces tienen limitada su movilidad en extensión, como son los codos y las caderas. La alineación de los ejes de las extremidades inferiores puede estar alteradas, al igual que ocurre en los individuos de talla promedio. Es más frecuente la desviación con las rodillas separadas (genu varo), aunque también se puede presentar el genu varo (rodillas juntas y pies separados).

Generalmente, la cabeza luce grande, la frente prominente y la nariz achatada, sobre todo en la zona del puente (entre los ojos). El tamaño de la cabeza agrandada, en algunos de los pacientes sería el resultado de hidrocefalia (aumento del diámetro de la cabeza por acumulación del líquido existente dentro del cráneo), pero en la mayoría el cráneo luce grande porque es de tamaño promedio y lo que es pequeño es el cuerpo.

Los dientes se amontonan y es común, que ni los de arriba ni los de abajo, estén alineados.

Una persona con acondroplasia generalmente tiene una espalda con una curva muy marcada (hiperlordosis). Las anormalidades de los huesos de la columna serían la causa de una pequeña joroba (cifosis) que puede causar compresión a la médula espinal que trae como consecuencia severos dolores, sobre todo durante la adolescencia y edad adulta.

Las pantorrillas pueden tomar la forma de un arco y los pies son generalmente chicos, anchos y planos. Las manos son cortas con dedos gruesos que se pueden doblar fácilmente para atrás debido a que sus articulaciones son muy laxas. Existe una separación entre el dedo medio y el dedo anular (mano tridente). Esto no les impide tener gran habilidad manual para los trabajos finos y de precisión.

Por la cabeza tan grande, las piernas y brazos cortos, y el tono muscular disminuido un bebé con acondroplasia se va a sentar, parar y caminar, mucho más tarde que un niño que no padece las alteraciones mencionadas. Los niños con acondroplasia tienen generalmente un coeficiente intelectual normal.

El desarrollo muscular suele ser abundante discretamente desproporcionado con el esqueleto, y que existirá un exceso de tejidos blandos en relación con la longitud de los huesos, esto da lugar a que se produzcan pliegues en los muslos y en los brazos especialmente en los obesos.

Por regla general no existen trastornos viscerales ni alteraciones de la función endocrina. El desarrollo sexual es normal o temprano y en muchas ocasiones los genitales externos están aumentados de tamaño. La analítica es normal. (Información tomada de la Internet)

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Muchas personas cuando me conocen tienen siempre la curiosidad de preguntarme: ¿En tu casa todos son normales?, a lo que con mi típico humor negro respondo: “No, todos somos raros y extraordinarios”.

Esa es la duda de muchos; pero en mi familia, como en la mayoría de las personas con acondroplasia, no hay nadie más con la condición, ni tampoco hay probabilidad que hermanos sobrinos, o descendencia indirecta la hereden.

Todas las condiciones físicas o genéticas traen su patología, sus características y tratamientos propios; pero lo más difícil y complicado de la acondroplasia o el enanismo; es el estigma social que durante siglos ha cargado y que la hace considerar la “única condición que causa risa”. Por eso no es común ver campañas, políticas o empresas que apoyen y promuevan los derechos de las personas con ADEE, como lo hacen con las personas con autismo, síndrome de Down, discapacidad visual, auditiva o motriz. Es más, en muchos lugares y para muchas personas, no es considerada ni siquiera una discapacidad.

En Colombia desde el año 2009 se aprobó la ley 1275 que declara el enanismo como una discapacidad y en muchos paises, a partir del año 2013, es reconocido el 25 de octubre como el día mundial de las personas con ADEE (Acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo) y también hace parte del grupo de enfermedades raras, lo que permite que se tenga en cuenta para ser beneficiaria de algunas leyes y políticas frente a la atención médica y a algunos beneficios sociales y laborales. Todo esto gracias a la lucha y el trabajo de referentes, asociaciones y fundaciones.

Estas leyes permiten la Visibilización y concientización frente a las personas con ADEE y la necesidad de políticas de inclusión que luchen por la dignidad, la accesibilidad y los derechos de todos.


2. LA MALA NOTICIA Y EL DUELO

¿Qué pensaron los doctores cuando se dieron cuenta del diagnóstico? ¿Qué sintieron nuestros padres cuando lo supieron? Para algunos, una mala noticia.

Es apenas natural, nadie quiere decirles a unos padres ilusionados, que su hijo o hija viene con una condición especial y mucho menos quieren los padres escuchar ese tipo de información, más aún cuando a lo largo del embarazo se dan toda serie de cuidados y precauciones para que nada malo suceda.

Se necesita mucha prudencia, empatía y misericordia para saber informar lo que está pasando, sin destruir las ilusiones ni hacerles sentir que es lo peor que pudo ocurrir y que es el fín del mundo. No es lástima; es tacto, profesionalismo, ética, compasión o vivir con el otro; y de eso hace falta mucho. He escuchado testimonios de madres que narran lo cruel y poco ético de algunos profesionales de salud al informar el diagnóstico y también, he sabido de situaciones donde simplemente dan una opinión subjetiva sin saber realmente qué es lo que está pasando o cuál es la condición del bebé, porque se basan en suposiciones y no en estudios genéticos.

Nací en el año 1969, cuando aún no existían ecografías que dijeran ni el sexo, ni la condición del bebé. Fui fruto del amor de mis padres quienes con ilusión esperaban a su segundo hijo, y añoraban que fuera niña y que viniera bien.

En un primer momento no les dijeron nada, pero cuenta mi madre, que veía que algo no era “normal”, que mi cabeza se veía más grande y mis extremidades más pequeñas con relación a mi cuerpo; pero los médicos no quisieron emitir ningún diagnóstico, hasta que el radiólogo después de realizarme rayos x, lo confirmó y emitió el siguiente informe:

“El cráneo está ligeramente aumentado de tamaño; la nariz es hundida, en silla de montar. Hay acortamiento de las extremidades y alargamiento del tronco. Las manos y pies son proporcionalmente largas en relación con el resto de las extremidades. Los ángulos acetabulares son tan reducidos que casi llegan a cero. La prominencia del sacro no es muy acentuada. Las diáfisis de los huesos largos son cortas, gruesas y se observa formación de huesos subperióstico irregular. Las epífisis están ensanchadas en forma de campana, lo que se relaciona con la Acondroplasia”.

Y como toda mala noticia, hay un tiempo de duelo, con todas sus etapas:

- NEGACIÓN “Esto no me puede estar pasando a mí” “Algo se puede hacer para cambiarlo”

- IRA “¿Cómo puede sucederme esto a mí?” “¿Por qué Dios me castigó?”

- NEGOCIACIÓN “¿Qué hubiera sucedido si…?” “¿De quién es la culpa?”

- DEPRESIÓN: “¿Y el qué dirán?” “¿Cómo lo ayudo a ser feliz?”

- ACEPTACIÓN: “Todo va a estar bien” “Juntos saldremos adelante”

Mis padres vivieron este proceso, especialmente mi madre, quien sentía algo de culpa, porque tomaba algunos medicamentos que decían no haría daño; pero ella, en su búsqueda de culpables, los señaló como tal.

Lo más difícil también es informar y explicar a los demás lo que sucede, cuando no se sabe, ni se tienen respuestas; y más duro aún, saber que algunos quizás se acercan por morbo o curiosidad y eso es lo que más duele y afecta.

Que yo sepa, a mí no me pasó; mi madre siempre me cuenta, que desde que nací fui muy amada, aceptada y mimada; y le creo, porque así lo he sentido. De hecho, con humildad puedo decir que soy el punto de unión con mi familia materna y paterna, y la persona de la que nadie se olvida.

Pero volviendo al duelo, no es eterno, ni dura tanto y es más fácil sobre llevarlo cuando se toma con fe, paz y con el apoyo de la familia y amigos cercanos.

En mis tiempos ese acompañamiento era más difícil, por el desconocimiento y la desinformación que había; pero hoy en día los medios de comunicación, la web y las redes “bien utilizadas” y las fuentes correctas; son luz en el camino y ayudan a que la “mala noticia” se transforme en esperanzadora para los padres, la familia y el niño o niña que ha nacido; porque se vive en fraternidad y comunidad, y de este modo se aprende a vivir a la altura de las circunstancias.

Kary Rojas (Viviendo a la altura de las circunstancias)

#Adee #enanismo #discapacidad #25DeOctubre #tallabaja #gentepequeña



1. DIOS NO SE EQUIVOCÓ

Soy católica de nacimiento, por crianza, educación y convicción. Mi fe ha pasado por muchas transformaciones y deformaciones, he creído, he dejado de creer, me reconcilio con Dios, peleo con Él, le he puesto muchos nombres que nos acercan, llevamos una relación de subidas y bajadas, pero por sobre todas las cosas nos amamos profundamente, Él lo sabe y yo también, y nos lo demostramos de muchas formas, cada uno a su manera… Pero en todos esos procesos evolutivos y circunstanciales de mis creencias, siempre llego a lo mismo: Dios nunca se equivoca y conmigo no se equivocó.
Desde niña me han hablado del hermoso relato de la creación que aparece en el libro del Génesis; en el cual podemos apreciar cómo al final de cada día, se lee: “Y vio Dios que era bueno” …
Así, cuando habla de la creación del hombre, expresa:
“Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. GEN 1, 26-27.
Por tanto, podemos decir que somos imagen y semejanza de Dios, que en cada uno de nosotros está su perfección; que desde antes de nacer nos soñó y nos amó; y esto no es producto de mí imaginación; también aparece en la Biblia, en el Antiguo Testamento, más adelante en el libro de Jeremías, donde revela como desde siempre nos ha soñado y nos crea con un propósito especial.
«Antes de que yo te formara en el vientre de tu madre, ya te conocía. Antes de que nacieras, ya te había elegido para que fueras un profeta para las naciones». JER. 1,5
Pero el mundo entero se ha inventado moldes y modelos para definir lo que considera normal y anormal; la misma ciencia discrimina aquello que rompe sus estereotipos y habla de malformaciones, anomalías, condiciones y enfermedades, todo lo que no encaja en sus diagnósticos, ni en la sociedad. Por eso, los padres que esperan un hijo siempre rezan, piden y añoran que “venga bien”, que “sea normal”. Lo que ocasiona frustración, impotencia, decepción, miedo, culpa y hasta enojo con Dios, si ese bebe no da respuesta a esas peticiones.

Sé y soy consciente que nacer con una condición física puede ser preocupante por todas las complicaciones de salud que puede haber y los prejuicios sociales; todos quieren hijos sanos y felices, que no vengan a sufrir, ni a enfrentar situaciones complejas, con tratamientos, cirugías, medicinas, etc. Es apenas humano desear y rezar por y para eso. Pero lo importante es entender, asumir y aceptar con fe y paz, que Dios no se equivoca, no castiga, no es un dios cruel que manda pruebas de amor, permitiendo que nazcan personas enfermas. Ese no es el plan de Dios.

La ciencia podrá dar explicaciones precisas de lo que pasó, habrá teorías, definiciones, hasta lógica. Pero más allá de todo eso debemos tener la certeza de creer que todos hemos sido creados con un propósito. Entender, reconocer y apropiarnos de eso, es el primer paso para vivir a la altura de las circunstancias. Sentirse parte de ese proyecto de amor, siendo padre, madre, hermano, amigo de cada persona, siendo como es, y vernos a nosotros mismos como obra suya, es lo que le da sentido a los sin sentidos que encontramos en la vida.

No sé qué quieras creer, pero esto es lo que creo y es lo que marca cada uno de los pasos que doy, cuando busco, me pierdo, me rompo, me reinvento, caigo o me levanto y quiero estar a la altura de las circunstancias, vuelvo al amor primero, a ese que me tuvo Dios cuando me soñó y me creó, es ahí donde se transforma mi mirada y veo todo con los ojos del Creador.

Kary Rojas (Viviendo a la altura de las circunstancias)



domingo, 3 de diciembre de 2023

SINO TE TOCA, NO TE IMPORTA

Hoy 3 de diciembre es el día mundial de las Personas con Discapacidad; y es algo que pasa desapercibido o simplemente se queda en la simple sensibilización, que se olvida cuando se acaba la emoción que causó en el momento. Es claro que el ser humano se involucra con aquello que lo toca o le beneficia; y en todo lo demás fuera de eso, es simplemente un espectador que opina o que sigue de largo su camino, sin mirar a quienes vienen de tras o van a su lado.

Desde siempre la discapacidad ha sido un tema que se trata como obra de beneficencia o como luchas externas e incansables de fundaciones y personas naturales que la viven. Hay leyes que promueven los derechos, la equidad y la inclusión en muchos aspectos; pero la mayoría de estas normas o políticas son desconocidas o se quedan simplemente en el papel. Hay empresas que, buscando el beneficio de pagar menos impuestos, se solidarizan y otras que fingen demencia al respecto.

Cartagena es una ciudad cero accesible, llena de todo tipo de barreras para las personas con discapacidad; las hay arquitectónicas, de transporte, mobiliarias, comunicativas, sociales, laborales, que impiden el acceso, la movilidad, la seguridad física y la inclusión de quienes tengan algún tipo de discapacidad. Hay demasiado desconocimiento e indiferencia, sobre todo, porque la discapacidad no se puede ver en una sola línea; no solo las personas que están en silla de ruedas son personas con discapacidad; existen personas con discapacidad auditiva, visual, cognitiva, sensorial, comunicativa, física, entre otras; que requieren algunas adaptaciones de otro tipo, para poder desarrollarse y ejercer sus derechos como cualquier ser humano.

Ante todo, persona…
Así mismo, falta mucha educación frente a la manera como nos referimos a las personas con discapacidad; ciegos, inválidos, enanos, retrasados, sordos, mudos, etc. Son algunas de las expresiones peyorativas y excluyentes con el que llamamos o nombramos a quienes viven en condición de discapacidad.

La forma correcta de nombrar, llamar, tratar e involucrar, es ante todo como “personas”; persona con discapacidad auditiva, personas con discapacidad física, personas con ADEE (acondroplasia enanismo y otras displasias esqueléticas), personas con discapacidad visual, etc. Pero ante todo PERSONA.

Sino te toca no te importa…

¿Has pensado alguna vez, cómo hace una persona con enanismo en un cajero, un mostrador, para subir a un bus, acceder a una silla de un bar o simplemente acceder en su casa a la estufa, el lavaplatos, el congelador de su nevera? ¿Has pensado todo lo que tiene que hacer una persona invidente para poder ser independiente a la hora de retirar dinero, ver leer el menú de un restaurante, presionar el botón de un ascensor, etc? ¿Has pensado como hace una persona con discapacidad auditiva para comunicarse? ¿Has pensado lo que necesita un niño con autismo para poder acceder a la escuela? ¿Has pensado en las barreras sociales, la burla, las miradas, el trato compasivo, la curiosidad que se queda sólo en morbo, el rechazo y la exclusión? Definitivamente, sino te toca, no te importa; y quizás nunca lo has pensado, simplemente lo escuchas o lo ves cuando lo tropiezas en el camino o hay días como hoy que te lo dicen, pero mañana se te olvida.

El mundo sería diferente, si cada cosa que construyamos o hagamos sea realmente pensando en todos; para que no existan barreras de ninguna clase.

Que este día mundial de la Discapacidad, nos concientice en todos los sentidos y seamos capaces de romper todas las barreras que impiden que nuestro corazón, nuestra ciudad y nuestro mundo sea accesible y equitativo para todas las personas, respetando sus derechos y sus diferencias, porque aquí cabemos todos.

lunes, 16 de octubre de 2023

DIOS NO SE EQUIVOCA

Soy católica de nacimiento, por crianza, educación y convicción. Mi fe ha pasado por muchas transformaciones y deformaciones, he creído, he dejado de creer, me reconcilio con Dios, peleo con El, le he puesto muchos nombres, llevamos una relación de subidas y bajadas, pero nos amamos, EL lo sabe y yo también, en fín… Pero en todos esos procesos evolutivos y circunstanciales de mis creencias, siempre llego a lo mismo: Dios nunca se equivoca y conmigo no se equivocó.

Desde niña me han hablado del hermoso relato de la creación que aparece en el libro del Génesis; en el cual podemos apreciar cómo al final de cada día, se lee: “Y vio Dios que era bueno” … De este modo, cuando habla de la creación del hombre, expresa:

“Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. GEN 1, 26-27.

Por tanto, podemos decir que somos imagen y semejanza de Dios, que en cada uno de nosotros está su perfección; que desde antes de nacer nos soñó y nos amó; y esto no lo he inventado; también aparece en la Biblia, en el Antiguo Testamento, más adelante en el libro de Jeremías, donde le revela como desde siempre nos ha soñado e imaginado, y nos crea con un propósito especial.

«Antes de que yo te formara en el vientre de tu madre, ya te conocía. Antes de que nacieras, ya te había elegido para que fueras un profeta para las naciones». JER. 1,5

Pero el mundo se ha inventado moldes y modelos, para señalar lo normal y anormal; la misma ciencia discrimina aquello que rompe sus estereotipos y habla de malformaciones, anomalías, condiciones y enfermedades, todo lo que no encaja ni en sus diagnósticos, ni en la sociedad. Por eso, los padres que esperan un hijo siempre rezan, piden y añoran que “venga bien”, que “sea normal”. Lo que ocasiona frustración, impotencia, decepción, miedo, culpa y hasta enojo con Dios, si ese bebe no da respuesta a esas peticiones.

Y sí, sé y soy consciente que nacer con una condición física puede ser preocupante por todo lo que encierra a nivel de salud; todos queremos hijos sanos, que no sufran ni tengan que enfrentar situaciones complejas, con tratamientos, cirugías, medicinas, etc. Es apenas humano desear y rezar por eso. Pero lo importante es entender, asumir y aceptar con fe y con paz, que Dios no se equivoca, que no es un Dios cruel y castigador que manda personas enfermas al mundo a sufrir; que ese niño o niña no es una prueba de amor, valentía y fortaleza, sino que nació con un propósito como todos; diferente y especial, sí, porque todas las creaturas de Dios somos únicas, diversas y a la vez iguales, porque fuimos creados a su imagen y semejanza.

Entender, reconocer y apropiarnos de eso, es el primer paso para vivir a la altura de las circunstancias. Sentirnos parte de ese plan de Dios, para ser padre, madre, hermano, amigo de alguien a quien Dios simplemente pensó y soñó, así como es; y verme yo misma como obra de El, es lo que ayuda a transformar las miradas del mundo para que aprendan a ver con los ojos de quien nos amó y soñó desde antes de nacer.

La ciencia podrá dar explicaciones precisas de lo que pasó, habrá teorías, definiciones, hasta lógica. Pero más allá de todo eso, la vida es de Dios y Él es el artista que hace única y especial a cada una de sus creaturas, se inspira con ellas y las crea con un propósito, tengan o no tengan una discapacidad. Pero las personas buscamos mil razones y porqués, cuando no entendemos lo que pasa.

No es consuelo creer y asumir esto, es la realidad. Dios no se equivoca, no castiga, ni deforma su obra para darle lecciones al mundo; Él es un Dios de amor y todo lo que crea lo hace desde, por y para el amor.

No sé qué quieras creer, pero esto es lo que creo y es lo que le da sentido a mi vida; y en todos los pasos que doy, cuando busco, me pierdo, caigo o me levanto y quiero estar a la altura de las circunstancias, vuelvo al amor primero, a ese que me tuvo Dios cuando me soñó y me creó, es ahí donde se transforma mi mirada y veo todo con los ojos del Creador.

Kary Rojas

#enanimos #adde  #acondroplasia