sábado, 16 de octubre de 2021

DIA 4 AL 10, CAMINO A LOS 52

 4. VENCIENDO GIGANTES…

Día 4 de 28 (cuenta regresiva): MIS PRIMERO DIEZ AÑOS, VENCIENDO GIGANTES.

Llegué a mis 5 años al Colegio Nuestra Señora de la Candelaria, un colegio más grande, lugar que sería mi segunda casa por 13 años más. Me recibió la seño Mayo, quien me acogió con todo su amor; las niñas también fueron respetuosas y cariñosas, más tarde supe, que las habían preparado para que no dijeran ni hicieran nada que me incomodara.

Las personas de talla baja, en la niñez, atraemos “amigos protectores”, aquellos que están pendiente y hacen muchas cosas por nosotros y si es posible defendernos de quien quiera molestarnos. Yo no fui la excepción, tuve mis amigas protectoras, que se esmeraron por cuidarme y hacerme sentir lo mejor posible.

A los 7 años, en mi barrio, tuve mis primeras amigas de juegos y travesuras, eran 4 hermanas vecinas “Las Bernales”; las 3 mayores fueron inseparables conmigo y sus padres me adoptaron. Siempre fui tan independiente que recuerdo me iba en mi mini triciclo hasta el callejón donde ellas vivían detrás de mi casa, y pasaba mucho tiempo con ellas.

Recuerdo la noche que me invitaron a comer a un sitio famoso en mi ciudad “La Piragua”; llegué a las 10 pm y no pedí permiso; mi papá sabía que había salido, pero no sabía más y me esperaba en la esquina, pero cuando Alvaro y Sonia me entregaron, y contaron todo lo que hice y gocé, no pudo más que reírse de mis cosas y hacer inolvidable esta historia.

A esta edad también me convertí en la hermana mayor de mi hermanita; ya tenía un hermano mayor y ahora, dos hermanos menores. Recuerdo que mi abuelo “Titi” quería que mi hermana fuera niño, para que nadie le quitara el puesto a su Reina y yo no sintiera complejo por ella; pero yo soñaba una hermana y Dios me la regaló… Y fui feliz; con ella pasó lo mismo que con mi hermano, nunca pregunté por qué crecía más que yo, siempre fui la hermana mayor…

A los 8 años, un 15 de agosto, hice la Primera Comunión, una fecha inolvidable para mí, todos los niños soñamos ese momento. Y yo lo disfruté. Iba de primeras y en la mitad de las dos filas, presumí no solo mi vestido blanco, también un anillo que mis padres me regalaron. Y además, ese acontecimiento, lo celebré con todas las de la ley, porque las hermanas del colegio se esmeraron y me organizaron una fiesta en casa.

En la Primaria, no fui una estudiante destacada, pero tampoco tuve problemas académicos.

En 4 grado conocí a una Maestra a quien aún recuerdo con cariño, Chela, a todas mis profesoras las recuerdo con demasiada gratitud, pero hay algunas que se nos quedan en el corazón de una manera especial.

Fui muy sociable, era amiga de todas las niñas de mi salón y de otros; pero tenía mi grupito, de compañeras con quien compartía el recreo y hacíamos las tareas juntas. Nunca me sentí rechazada, burlada o acosada; era normal que de pronto alguien me preguntara por curiosidad, ¿por qué era enana? o ¿por qué no crecí? Pero nunca tuve respuestas y siempre había alguien a mi lado que decía: Eso no se dice o no se pregunta.

También a mis 9 años, llegué a una Urbanización de 67 casas, donde amplié mi círculo de amigos e hice lo que cualquier niña de mi edad hacía, aprendí a montar bicicleta, patinar con dos patines (con las Bernales aprendí a patinar con uno); corría, saltaba, bailaba, era una niña feliz.

A los 10 años, estaba en Quinto de primaria, mi hermana con 3 años, era de mi tamaño, y quiso hacer el intento de entrar a mi colegio, usaba mi uniforme, parecíamos gemelas. Pero ese primer intento fua frustrado, porque ella no quería estar en su salón, sino en el mío, lloraba tanto que terminaba sentada a mi lado, y tocó cambiarla de colegio.

Algo que olvidé contar, fue que, en mi colegio, la primaria tenía una jornada distinta al bachillerato; y que, en un año, yo pasaría a estudiar con las más grandes y eso era casi como entrar a un colegio nuevo.

Y así, con 10 años y estatura de una niña de 4, me las ingeniaba para hacer todo por mi misma, encender la luz, así sea con zapatazos; hacía todo tipo de maromas para alcanzar lo que estaba en alto, me subía a sillas y mesas si era necesario o pedía ayuda, pero no me rendía en la rutina de enfrentar gigantes a cada paso y sin darme cuenta.

Pero a donde iba, llamaba la atención por mi carisma y alegría, puedo decir, que fui tan amada y protegida en los ambientes que crecía, que en esos años, nunca sentí como desventaja tener mi tamaño.


5.     DE 2 EN 2 ADOLESCIENDO…

Día 5 de 28 (cuenta regresiva): YO TAMBIEN TUVE 15 AÑOS…

Entrar a bachillerato implicó muchos cambios en mi vida, cambié en los dos primeros años, a mis amigas del salón, por las chicas de 11 grado (6 Bachillerato), pasaba los recreos con ellas e iban a mis cumpleaños.

La urbanización era mi mundo feliz, hacía de todo y tenía muchas amistades.

En este tiempo apareció Menudo y fueron mis ídolos, no sólo me ayudaron a dejar florecer mi lado artístico desde el baile y fonomímica; sino que me hizo soñar con conocerlos algún día y darles prioridad en mi vida, por encima del estudio. El mejor pasatiempo era bailar Y coleccionar todo lo que salía del grupo y soñar con ellos todo el día.

Y fue allí donde empecé a hacer los cursos de 2 en 2; gané 6°, perdí 7°, gané 8°, perdí 9° y pare de contar porque lo que viene después, mañana se los cuento. El más preocupado era mi papá, que hizo de todo por animarme a estudiar. Desde ofrecerme premios hasta hablarme del castigo, el más grande era que, por cada materia perdida, no salía un mes; y si mis cuentas no me fallaban, creo que, en dos períodos académicos, podía haber durado todo el año encerrada; pero negociaba con él, y duraba castigada 15 días (aunque acá entre nos, había momentos en que aprovechaba que ambos salían, y me escapaba)

En 7 fui del equipo de basquetbol y saqué provecho de mi estatura, porque por ser la mas bajita, era super difícil quitarme el balón, me metía por debajo de las piernas de todo el mundo.

Fue la edad en que los juegos se cambiaron por bailes en el kiosko de la urbanización; una grabadora y unos casetes de Juan Piña y Wilfrido Vargas eran suficientes para pasar el tiempo bailando. Para eso, le enseñé a bailar a mi hermano para que fuera mi parejo. En ese momento sus amigos andaban con mis amigas y entre ellos empezaron a surgir las parejitas del primer amor. Allí empecé a entender en silencio que mis diferencias sí significaban algo; porque, aunque pensaba y sentía como mujer, no era fácil verme como tal y fue difícil vivir el primer amor, como lo vivieron las niñas de mi edad.

Fue la adolescencia, donde el espejo me mostró otra cara y sin darme cuenta, mi autoestima se empezó a debilitar. Quizás parte de mi fracaso escolar, se debía también a ese desinterés y acomodo en el que se cae, cuando existe baja autoestima e inseguridad. Con el tiempo lo entendí, pero en su momento me afectó, aunque nadie lo notó; porque siempre he tratado de sonreír desde dentro y de darme cada día una nueva oportunidad.

Mis 15 años fueron soñados, siempre he amado celebrar mi cumpleaños y este fue muy especial. Además que fue el momento en que hice uno de mis más grandes sueños realidad: Mi tia me regalo una perrita llamada "Negrita" que se convertiría en mi adoración y compañera por muchos años de mi vida.

En todo lo vivido, siempre cuento que en una fiesta de 15, vi por vez primera a una persona de talla baja, era un chico que podía ser un poco mayor que yo, bailaba en la orquesta para entretener; verlo me llenó de estrés; porque era verme a mi y estar de frente a mi condición de enanismo. Con el tiempo entendí, que viví el síndrome del espejo, lo que me asustaba de él, era lo que no aceptaba en mi. Lo que no imaginaba era que unos años más delante de las cosas que más disfrutaría, sería conocer y encontrarme a personas de talla baja. (esa es otra historia que más adelante contaré)

Cuando perdí 9° grado, me iban a cambiar de Colegio, pero pedí otra oportunidad de repetir en el lugar que por mucho tiempo había sido mi segundo hogar; y mi papá que nunca me negaba nada, me permitió quedarme allí; fue en ese instante en el que me comprometí a mejorar por completo mi rendimiento escolar. Mis nuevas amigas del colegio, se convirtieron en mis amigas por siempre; y mi propósito de mejor académicamente, lo hice realidad; fue como haber renacido; resurgí de las cenizas como el Ave Fenix y no perdí ni una materia más.

Quiero finalizar esta página, resaltando mi superación académica. Porque no me quedé ahí y me demostré que si quiero puedo y se vale caer, sentir debilidad; pero lo que no se vale es rendirse, ni renunciar.

Trato de que no me salgan largo estos relatos, pero tengo tanto que contar. Y es que cada página que escribo, demuestra que todo ha valido la pena y en vano no he vivido. (Kary Rojas, página 5 de 28, camino a los 52)



6. REDESCUBRIENDOME…

Día 6 de 28 para 52 (cuenta regresiva): REDESCUBRIENDOME…

Como lo dije ayer, en mis 3 últimos años en el colegio, me redescubrí… Por un lado me dí cuenta que muchas chicas de mi edad se deprimían porque no les gustaba el peinado, les salió algún barrito en la cara o no les gustaban sus pies; tenían los centímetros que a mi me faltaban y no se sentían bien. Por tanto comprendí en que la altura no estaba la felicidad, así que decidí buscar aquello en mí que podría ser mi super poder y me sorprendí.

Desde siempre escribía cuentos, pensamientos, poesías, cartas; pero en 8 y 9 grado lo dejé fluir; se fortaleció como catarsis en mis crisis de autoestima y con la muerte de un canario que tuve de mascota desde que tenía 8 años (olvidé contar que antes de que llegara Negrita me llenaron de pájaros para no darme un perro y por eso tuve un canario, un loro, un par de cotorras y una cría de pericos australianos)

Y en mi segundo año de 9°, saqué mis letras a la luz, las empecé a compartir de muchas maneras, escribía coplas, discursos, palabras, poemas; adoraba tener correspondencia con muchas amigas que tenía fuera de Cartagena.

Por otro lado, en mi viaje a EEUU, luego de mi encuentro con un primo demasiado especial (Georgie) descubrí que tenía oído para la música y que quería aprender piano; y mi papá me regaló una organeta, en la cual inicié tocando mis primeras canciones en las misas en el Colegio. Así mismo participaba en todas las obras de teatro que había, y comprendí el arte era parte de mi vida.

De los 15 a los 18 años, puedo decir que soñé con el amor y lo viví en mis sueños, pero nunca supe lo que era tener una relación; fue lo más difícil de ese tiempo y era lo que afectaba mi autoestima; pero mi mejor terapia fue enfocarme y ocupar mi mente en otras cosas, no en lo que me hacía falta, sino en lo que tenía. Y como todos los seres humanos, tenía días de días, además que el existencialismo a veces no ayuda; pero no me acomodo en eso, me sacudo, me levanto y sigo.

Me gradué en 1987, con 18 años; con buenas calificaciones y excelentes amigas, pero no tenía ni idea qué quería y a dónde iría. Finalizar esa etapa fue difícil porque fue una época de desprendimientos; no solo me desprendí de mis amigas del cole, sino que nos fuimos de la urbanización donde pasé los mejores años de mi vida.

¿Y ahora qué? No sabría qué iba a hacer, por eso mi rectora, quien me vio crecer y me dio siempre una oportunidad; me permitió quedarme en el colegio como ayudante del coro y de la hermana que trabajaba pastoral; iba medio día y a cambio para ayudarme, me pagaba algo; dinero que ahorraba. Desde niña mi papá me encomendaba oficios varios y me pagaba, porque sabía que me encantaba ahorrar para comprarme mis cosas.

La idea no era quedarme en el colegio; intenté estudiar música, pero en la primera clase en la escuela, me arrepentí, porque no quería aprender gramática; así que mi papá me puso un profesor de guitarra y una de piano; estudié guitarra un año, pero no me daban casi los dedos para ciertos acordes y nunca la toqué; y con el piano, quería tocar de oído y hacia trampa aprendiéndome las canciones así y no leía la partitura, por lo que tampoco seguí.

Vivíamos cerca del Colegio Eucarístico donde estudiaba mi hermana, en el que mi papá era parte de la asociación de padres y las hermanas lo querían mucho, por eso me consiguió un trabajo de medio tiempo como secretaria de un proyecto de escuela para padres y asistente de la hermana rectora; y me fue tan bien, que al año siguiente me ofrecieron el puesto fijo como secretaria auxiliar del colegio y eso fue un desafío para mí. Aprendí todo el manejo de una secretaria, también fortalecí la música, cantando con las hermanas en la Iglesia de Manga, y en el encuentro con las niñas del colegio, descubrí mi vocación; quería ser Maestra.

Por eso, como ya tenía un sueldo, le dije a mi papá que yo misma pagaría mis estudios, y eso fue para él motivo de mucho orgullo. Entré a la Universidad Santo Tomás a estudiar Licenciatura en Educación Básica Primaria y Promoción en la comunidad.

La hermana rectora era a la vez psicóloga y compartir con ella, me permitió abrirme e iniciar un proceso reparador de mi autoestima, con charlas, lectura de libros, proyectos de vida. Todo esto me ayudó demasiado a auto conocerme y aceptarme tal y como era.

Mi vida social se redujo, mis amigas por un tiempo eran las hermanas del colegio y las señoras del coro de la Iglesia, hasta llegué a pensar que quería ser religiosa.

Me enfoqué en estudiar, en aprender, en escribir, leer mucho y construir mi vida profesional. Mi papá estaba feliz y orgulloso de ver cómo estaba esforzándome y trabajando por realizarme. Su hija, la que más le preocupaba, la que en un tiempo hizo los años del colegio de 2 en 2, ya estaba trabajando y estudiando una carrera y ese era el inicio para mucho más.

7. EL DOLOR NO DEFORMA, TRANSFORMA…

Día 7 de 28 para 52 (cuenta regresiva): El Dolor no deforma, transforma (M.R.A.T)…

En este tiempo trabajaba como secretaria auxiliar, era emocionante ayudar a pagar algún recibo de la casa, comprarme mis antojos, sacar de mi bolsillo y de mis esfuerzos los regalos del día de la madre, del padre o de Navidad (jugábamos al amigo secreto y el 24 en la noche nos dábamos aguinaldos).

Para 1991, tuve un encuentro cercano con Cristo, a través de la experiencia de Cursillo de Cristiandad; movimiento con el cual me congregué y me formé por un tiempo, queriendo llevar mi vida de Colores.

Tocaba el órgano en la Iglesia los Domingos muy temprano, acompañando a las hermanas cantando y también me contrataban para tocar matrimonios y misas, las cuales cantaba con un coro de señoras que conformamos. En navidad, empecé a dirigir un coro infantil, que se fue haciendo popular en el barrio y nos llamaban a cantar en conjuntos residenciales y en otros lugares.

Mi papá estaba orgulloso, su hija consentida estaba dedicada a la música, trabajaba y estudiaba.

En la universidad me iba muy bien, asistía los sábados a clases presenciales y trabajaba los días de semana.

En este tiempo me dediqué también a leer mucho y a escribir reflexiones y poemas.

Amaba salir de paseo, iba a donde me llevaban, floreció mi espíritu aventurero que me llevó a muchos lugares, desde ir a visitar a familias campesinas acá en la costa, durmiendo en hamacas, montando burro para poder llegar hasta el lugar; o ir a Medellín y recorrer también los pueblitos de Antioquia de los que me llevaba nuevas amistades.

Fue en uno de mis viajes, en el que traje conmigo el virus de la varicela. Me brotó justo a los pocos días de haber llegado y fue todo un caos en casa; por un lado mi hermana estaba embarazada de mi primer sobrino y la distanciaron, y por otro los únicos que estaban inmunes eran mi mamá (quien me cuidaba y Horacio) pero mi papá cuando llegaba del trabajo, se colaba en mi habitación con organeta a bordo, para que le diera serenata. El amaba pasar tiempo allí, ver su futbol acostado en mi cama o acompañarme mientras yo practicaba piano.

La enfermedad me duró una semana, y volví a trabajar; pero a los 5 días, esas visitas clandestinas de mi papá hicieron que el virus se apoderara de él y se le contagiara.

Con 56 años y a los 2 días de haberse contagiado, aunque aparentemente no le había brotado mucho, una mañana se sintió mal, se fue al hospital y de allí no salió. Al principio los médicos no daban con los dolores que le aquejaban, mientras tanto, la varicela internamente tomaba ventaja y se apoderaba de todos sus órganos. Poco a poco fue perdiendo sus facultades, y la varicela brotó e invadió todo su cuerpo.

Un día celebramos una hora santa por su salud, (yo toqué el órgano y dirigí un momento de oración con unas palabras) y ese mismo día en la noche luego de 10 días de estar enfermo, mi papá emprendió su viaje. Se resistió hasta el último momento, luchó con todas sus fuerzas, no quería dejarnos solos. Horacio estudiaba y trabajaba, Joche estudiaba, Ine inicia con su embarazo y estudiaba y yo estudiaba y trabajaba. Ninguno era profesional.

Para su funeral, dije unas palabras que me salieron de lo más profundo de mi corazón y de nuevo le regalé mi música en la Eucaristía. Fue despedido como una persona demasiado amada por todo el que lo conoció.

Siempre digo que ese fue mi primer antes y después de… en el que sientes que la vida te cambia.

Por un tiempo, cuando la gente preguntaba: ¿De qué murió tan joven y tan de repente? Y le decían que de Varicela; y cuando preguntaban: ¿Dónde se contagió?... y decían que, de mí; no podía evitar sentir culpa… Pero fue ahí donde entendí que las cosas con Dios o sin Dios no son lo mismo con El, el dolor no deforma, sino que transforma, por eso, asumir la muerte de mi papá desde la Fe, me enseñó a comprender, que Dios me uso como puente entre mi padre y El, para que llegara a su encuentro maravilloso.

A partir de este momento, me propuse trabajar más, superarme más, lograr hacer realidad todo lo que soñábamos juntos…

Pero este 1994 se resignificó primero con la espera y por fin en Agosto con la llegada de mi primer sobrino “Juan David”; fue como una luz en medio de la oscuridad y con su vida, la esperanza renació en mi familia.

Este acontecimiento lo sentí así: MI papá subió al cielo y no nos dejó solos, nos mandó a Juanda a la tierra.

Desde ese instante se me concedió, el soñado título de TIA. De las mejores cosas que me han pasado en mi vida.

En el primer año de la muerte de mi papá, su presencia se sintió de muchas formas, nos envió ángeles en el camino, nunca nos dejó solos.

Ahora inicia mi después de… era el momento de crecer y renacer por y para El.

8. AVENTURAS MIL …

Día 8 de 28 para 52 (cuenta regresiva): Aventuras Mil…

El año 1994 me cambió la vida y la dividió en dos. Ahora vienen mis luchas y mil aventuras.

Para este año surgió un grupo que era continuación de otro que me acompañó en mi adolescencia (Pequeños Gigantes, dirigido por Toni Navia, a quien siempre soñé conocer). Ahora tenía otro proyecto llamado OkiDoki, que me acompañaban los sábados y alegraban mis días con sus historias y cantos.

Siempre me han encantado este estilo de programas que dejan un mensaje a la niñez y juventud, sumergido entre sueños, fantasía y realidad.

En 1994 vinieron a un concierto y fui a verlos, pero en el 1995 volvieron y luego de un año enviándoles correspondencia, contándoles mi historia y soñando con conocerlos; estando en pleno concierto me invitaron al hotel con ellos y sin dudarlo, me fui sin poder avisarle a mi mamá (no habían celulares en esos tiempos); la llamé y ella no estaba, le dieron mal la razón, y me buscó de hotel en hotel angustiada, sin saber donde estaba. Aparecí casi a media noche, cuando volví a llamar para que fuera por mi. Cuando la ví le dije: Fui tan feliz y lo disfruté tanto, que ningún regaño podrá borrarme lo que viví.

En 1996, viví algo que doy gracias a Dios por permitirme contarlo porque pude no haber podido hacerlo. Ya había terminado académicamente y necesitaba sustentar la Tesis, me citaron en Sincelejo y me fui un día antes con mi compañera de estudios, Rocío. Decidimos salir en la tarde; cuando el sol no estuviera tan fuerte, porque soy de las que se marea en los viajes por carretera. Recuerdo que veíamos una película de guerra, y de repente, el bus se detuvo en seco y el conductor nos dijo que nos tiráramos al piso. Apagó la Tv y el ruido de metralletas que se escuchaba no eran los de la película, sino los del enfrentamiento que había entre el ejército y la guerrilla. Yo estaba sentada en la primera silla, y Rocío se tiró casi que encima de mi, recuerdo que lloraba pensando en sus hijos. Por un instante pasó en mi mente toda mi vida y pensé cómo le darían la noticia a mi familia. No sé cuanto tiempo estuvimos, quizás fueron pocos minutos, solo sé que de repente se iba alejando el sonido de los tiros, y el ejército le dijo al conductor que podíamos continuar. Miré por la ventana y vi los cuerpos tendidos de algunos soldados… A partir de ese momento reinó el silencio, solo se escuchaban los rezos susurrados y la respiración agitada de los pasajeros, que no descansamos hasta que llegamos. Yo no conté nada a mi familia, hasta el día que nos regresamos. Por mucho tiempo tenía pesadillas con eso y me estremecía cada vez que escuchaba en películas algunos disparos.

Hablando de otras cosas más gratas, después del concierto de los Okidokis en los que me volé con ellos, nació la amistad y compartimos algunos momentos, pues les gustaba pasar vacaciones en Cartagena en casa de Karen Martinez (Hoy esposa de Juanes), quien era amiga de mi infancia en Villa Venecia. Cada vez que venían, salíamos a la playa o a rumbas en discotecas, fueron momentos de mucha vida social, que disfruté.

Ya en el año 1997 se vio por fin el fruto de mi esfuerzo, me gradué de Licenciada en Educación Primaria y Promoción de la Comunidad. Mi grado fue en Bogotá, me fui días antes y me hospedé en casa de Vero Orozco (Okidoki) ella misma me recogió en el aeropuerto, con Caro (okidoki) y Nana (Betty la Fea); en ese viaje surgió mi acercamiento con Toni Navía y se consolidaría una amistad de las que más agradezco en mi vida. Esa vez fui invitada especial al Lanzamiento del último disco del grupo, escribí una parte del libreto y un amigo en común que teníamos (hoy libretista) me acompañó en mi ceremonia de grado.

Ese mismo año regresé en Noviembre y gravé el programa en el que salí en la cafetería y me entrevistaban. Fue mi primera vez en la TV, justo en OkiDoki. Yo soñaba despedirme como ellos lo hacían diciendo: “Quedamos Ok Más allá” y así fue, lo hice.

Por otro lado y en esos mismos tiempos, una amiga de toda la vida de mis papás (Rocio Covo), dirigía un proyecto de Jóvenes Líderes llamado (PJL) y me invitó a darles mi testimonio y hablarles de mi vida. Y como nunca he dicho no a nada, aunque me llene de nervios y adrenalina, me lancé, fui con un montón de hojas escritas y conté lo que hasta el momento había vivido. Fue una experiencia maravillosa, los jóvenes se conectaron conmigo y desde ese instante, no dejé de hablar, empecé a ser invitada a colegios, grupos, parroquias, y sin pensarlo me volví en conferencista.

Seguía escribiendo de todo un poco, y me preparaba para dejar la secretaría del colegio y dar un gran paso, el de ser Maestra. Fue así como en el 1998, empecé a dar clases en 2 y 3 grado, daba Religión y Ética. Fue realmente emocionante. Me hicieron una escalera como en mis tiempos de colegio; porque mis estudiantes escribían de la mitad del cuaderno para abajo porque yo escribía de la mitad del tablero…

En ese 1998, Dios me regaló dos sobrinas: Natalia hija de Joche (abril) y Angie hija de Ine, hermana de Juanda (Diciembre), y con eso termino, porque de las cosas que más disfruto y me hace feliz, es ser tía.

9. PASOS CORTOS PISADAS FIRMES …

Día 9 de 28 hacia los 52…

Desde el año 1995 había empezado a explorar otro campo, la pastoral educativa; al colegio llegaron hermanas que me fueron involucrando en esto y me fue gustando cada vez un poco más.

Llegó el anhelado año 2000, recuerdo que de niña escuchaba decir que ese año se acababa el mundo. Las celebraciones por todo el mundo, fueron hermosas e históricas, porque era el inicio de otro milenio.

En Marzo fui tía por 4 vez de un hermoso niño… Y la familia iba creciendo así:

Ine vivía en Cartagena y tenía a Juanda y Angie; Joche vivía en Pereira y tenía a Nata y ahora a Jose.

Y Horacio estaba de novio, pero aún no se casaba.

Así mismo en este año, llegó el boom del Internet, y encontré en la red la oportunidad de compartir mis letras y conocer mucha gente.

Empecé a buscar personas con Acondroplasia y conocí gente de Argentina, España, Chile, Colombia. Descubrí asociaciones como LPA (EEUU), ALPE (España), ZOE (Argentina) y en Colombia Pequeños Gigantes.

Encontré en el internet el espacio para publicar mis escritos y rápidamente volaron.

Me enfoqué en acompañar a Padres de Familia con niños pequeños y asesorarlos; ya que había muy poca información al respecto.

Fue emocionante que Personas de talla baja, vinieran a Cartagena a conocerme; era el momento en que lo que más anhelábamos era ver a otros con la misma condición y compartir.

Seguí dando conferencias en Colegios y Grupos Parroquiales y Juveniles. También seguía tocando en la Iglesia.

En este año 2000, fue directora de curso por primera vez, tenía 2 grado, usaba el tablero para alcanzar al tablero, era del tamaño de mis niñas de 7 años, era mágico ser maestra y tener la misma estatura; eso me permitía conocer su mundo de niña.

En ese tiempo comprendí que, si quería crecer, solo tenía que subirme a una silla, pero que la silla era mental; y construí mi Conferencia: “¿Cómo crecer? ¡Súbete a la Silla!”, en la cual hablaba que la silla era mental y se fundamentaba en 4 patas: mi relación con Dios, mi relación conmigo misma, mi relación con los demás y mi relación con el entorno.

En el 2002, Dios me regaló una nueva sobrina Stephany, hija de Horacio. Ya tenía 5 hermosos sobrinos y era una tía feliz.

De vez en cuando íbamos a Pereira a visitar a Joche y los niños… Y lo que nunca imaginé, fue ver realizado otro de mis mayores sueños, ir a México a un encuentro de Pastoral Juvenil. De niña veía novelas, series mexicanas, además que crecí entre rancheras y boleros porque es la música favorita de mi mamá y no sólo eso, en mi proceso de superación me enseñaron a amar a la Virgen de Guadalupe y anhelaba ir a la Basílica.

Viaje en el 2003, estaba muy subida de peso, empecé a sentir las molestias que sentíamos las Personas con enanismo, adormecimientos en las piernas, caídas y cansancio.

Ir a México fue lo máximo, disfruté cada día, cada lugar. Ir a la Basílica y presentarle a la Virgen de Guadalupe la bandera de Colombia, fue apoteósico. De los momentos más emocionantes que he vivido.

Para el 2003 también participaba en Conferencias en empresas, y ese año recibí la “Medalla al Valor humano”, en el 2004 recibí una mención como “Mujer Cartagena” en el día de la Mujer. Y también el Club de Leones me dio una Mención por mi Liderazgo.

Todos esos logros me fueron dando a conocer y el Universal sacó mi primer reportaje, el cual leyó toda Cartagena.

En ese tiempo también inicié una sería de programas radiales con la Emisora Minuto de Dios, y seguí apasionándome por el trabajo Pastoral.

Mis reflexiones y escritos se fueron dando a conocer por todos lados y las conferencias las estaban dando en muchas partes, entre ellas en una revista juvenil llamada Primavera.

Esta etapa fue de mucho crecimiento personal, profesional y de aprendizajes; empecé a conocer a mucha gente, entre ellas muchas personas de talla baja. El internet fue una puerta del mundo que se me abrió y me estaba permitiendo llegar a donde menos creía llegar.

Y todavía hay mucho que contar…

10. PASOS CORTOS PISADAS FIRMES …

Día 10 de 28… (Camino a los 52)

El año 2005 inicio con una cirugía de columna. Las personas con acondroplasia somos propensas a padecer comprensión medular, y eso causa adormecimiento y debilidad en piernas y brazos.

Mi cirugía duró 8 horas y un mes de incapacidad, pero salí caminando del hospital y después del mes, estaba como nueva. Así mismo me sometí a una dieta muy estricta y bajé de 68kg a 44 kg (24 kg)… Recuerdo que cuando llegué de nuevo al colegio, les decía a mis niñas que me había sometido a un cambio extremo y que me había operado para crecer, y una niña me dijo: “No quiero que crezcas, que aburrido, no será lo mismo”.

Ese sería mi último año como profesora de primaria, porque para el 2006, me nombraron Coordinadora Pastoral. Fui la primera Pastoralista Laica de la comunidad en Colombia, lo que me hizo muy feliz experimentar la confianza que depositaban en mí. Para eso, me enviaron a Bogotá 10 días a hacer un diplomado en Pastoral Juvenil, que me encantó y me aportó mucho, además que conocí personas maravillas y amigas que serían para siempre.

La experiencia como Pastoralista sería un desafío enorme, era trabajar con jóvenes (siempre había trabajado con niñas de primaria), así que decidí conocer su mundo y acercarme más, lo cual fue demasiado enriquecedor; además seguía con la música tocando en la Iglesia y en el Colegio.

Una anécdota que me pasó por varios años como profesora y en el colegio, era que siempre al inicio de año, había alguna niña nueva que al verme, me tenía miedo. Y cuando eso pasaba, yo trataba al máximo de ganármela poco a poco, y luego de un corto tiempo, terminaban queriéndome demasiado y siendo muy cercanas. El caso más cómico, era el de la niña que cuando me veía, gritaba: “Una muñeca grande que camina, escóndanme”… y lo curioso era que cumplía años el mismo día que yo.

En este tiempo, mis hermanos se habían divorciado y tenían nuevas parejas, lo que me regaló nuevos sobrinos. Para el 2007 nacieron Alejandro de Joche e Iván de Ine, este último español, porque mi hermana se había ido a vivir a España con Juanda y Angie. Para este 2007 también llegó Vicente (Vice) a la familia y se convirtió en mi sobrino; lo que permitió que la familia siguiera creciendo y yo fuera la tía más feliz del mundo, con 8 sobrinos.

En el 2007 tuve mi primer encuentro nacional de personas de talla baja; fue una experiencia maravillosa e inolvidable; nadie imagina lo que sentimos al compartir con amigos a los que puedes ver a los ojos sin levantar la cabeza o bailar con alguien de tu tamaño. Fue emocionante darles mis conferencias y talleres, pero lo más enriquecedor, fue forjar nuevas amistades. Este encuentro tuvo participación internacional de Argentina y España, lo que ayudó a fortalecer lazos.

El año 2007 me regaló otra mención que me dio el Club de Leones, como Mujer Líder. Este año salió otro reportaje en el Universal, esta vez hablando del estigma social que vivimos las personas con enanismo.

Mis letras seguían navegando en internet, llegaban a muchas páginas de todo tipo, médicas, de personas de talla baja, de reflexiones, de poemas… Cree el grupo “Almas Gigantes” al cual la gente se inscribía para recibir mis escritos. Soñaba con publicar mi libro.

Estos fueron tres años intensos de superar la enfermedad, de vivir muchos cambios, de experimentar el crecimiento interior, conocer nuevas amistades, ganarme ahijadas y nuevos sobrinos, viajar y dar mis conferencias, ver mis letras volar, seguir luchando por crecer y transformar miradas…

Momentos difíciles siempre hay, situaciones que se enfrentan, pero de todas ellas se aprende y queda mucho por contar.

lunes, 3 de mayo de 2021

DIA 3: LA EDAD DE LA INOCENCIA

Día 3 de 28 Camino a los 52: LA EDAD DE LA INOCENCIA...
En mis Primeros 5 años, aprendí a caminar y a hablar; mi mamá me cuenta, que desde muy pequeña lo hice con mucha fluidez… Lo que no imaginaba en ese tiempo, era que, con los años, me volvería conferencista.
Era el centro de atención y me robaba las miradas, pero no me daba cuenta de eso y quizás a veces hasta lo disfrutaba y me aprovechaba. Los niños con acondroplasia en los primeros años, nos ganamos la atención de todo el mundo, en ocasiones podemos terminar hostigados porque llegan a vernos y tratarnos como bebes eternos y quieren mantenernos alzados y abrazados. Creo que algo que me quedó de todo eso, es que no me gusta que me agarren la cabeza y mucho menos los tratos especiales.
En este tiempo vivimos 2 años en Bogotá, era amiga de un loro, un perro pequinés y algunos adultos. Lo mejor fue que me convertí en la hermana mayor de un lindo niño, que se convertiría en mi compañero de juegos y fiestas en mi infancia y adolescencia.
A esta edad la llamo la edad de la inocencia; pude ver como mi hermano se convirtió en mi gemelo de tamaño y lo vi crecer más alto que yo. Pero nunca pensé que fuera por alguna condición, simplemente, era parte de la diversidad y creatividad del mismo Dios; él rubio, yo trigueña, él alto, yo bajita.
En mis primeros 3 años, amaba a mis niñeras, las acompañaba en sus oficios, era muy quieta y juiciosa; me llevaban a todos lados, mi papá me llevaba en sus viajes relámpagos a Cartagena, porque no pagaba pasaje e iba sentada en sus piernas.
Para mis 4 años, ya estábamos en Cartagena y fui a la Escuela, al Liceo Freud; era un colegio pequeño, en el que entré a hacer Kínder (Hoy Jardín); no recuerdo haberme sentido diferente; en esas edad y en ese tiempo, los niños tienen una mirada transparente y no discriminan las diferencias; pero sí recuerdo mi interés por las letras, pues fue a mis casi 5 años, iniciando Preparatorio (Hoy Transición) que aprendí a leer; recuerdo que me salía de mi salón y me asomaba en el salón de Primero, para ver las clases y leía desde la puerta lo que la Profesora escribía en el tablero y al preguntar a sus alumnos quién había leído, los demás niños le decían que era yo. Por eso, Vicky que así se llamaba, tomó la decisión de sugerir que me promovieran al grado Primero (1°) y mis padres aceptaron felices y orgullosos, a la vez que se dieron cuenta que era el momento de cambiarme de Colegio a uno más grande y Llegué al Colegio Nuestra Señora de la Candelaria; allí empezó mi vida social y mucho más… Esa historia se las cuento mañana.
En mi edad de la Inocencia, ya era hermana mayor de un hermano, ya leía e iba a la escuela, hablaba más que una cotorra, era la Reina del Titi (mi abuelo) y la niña de los ojos de mi Papá, quien me subía a sus hombros para hacerme sentir que podía aprender a vivir con grandeza y alcanzar mis sueños. (Kary Rojas - En Vano no he Vivido, camino a los 52)




DIA 2 DEL 1 AL 28: VENCIENDO LOS NO PODRÁ DEL MUNDO

Día 2 de 28 camino a los 52:
Durante el primer año, no sabía nada, lo único que sabía era que me sentía feliz y amada.
Nací sin sentido del olfato, respiraba por la boca, y llevaba flema permanente hasta los 16 años, y hasta la fecha ya no tengo flema, aprendí a respirar un poco, no muy bien por la nariz, y no conozco los olores, pero en realidad eso no me ha hecho falta.
Aprendí a levantar la cabeza y sentarme, cosa muy difícil en los niños con acondroplasia; por tanto, si para muchos esos no es nada, para mis padres, ver en eso en mí, era parte del milagro que se iba manifestando, el cual iba rompiendo todos los presagios que les dijeron cuando nací.
Di mis primeros pasos un poco después de cumplir mi primer año, otra teoría de los "No podrá" que rompí.
En ese momento, muchas preguntas de mis padres no tenían respuesta; pero el tiempo se encargaría de eso y más.
Vivía en ese tiempo, como cualquier niña de mi edad, con la diferencia que muchos tenían todos los ojos puestos en mí, por el molde con el que fui soñada y creada por Dios, que rompía un poco los esquemas; y también con la atención y sugestión de que según los médicos de ese tiempo, cualquier estornudo era muy delicado en mi.
Contaba con un hermano mayor, que se sintió al principio desplazado por quien se convirtió en la Reina del Titi (mi abuelo materno), pero ese mismo hermano, sería el que me enseñaría a ser fuerte y no dejarme montar ni achicopalar de nadie.
No recuerdo nada de ese primer año, solo lo que me cuentan; pero en esas fotos se contempla una mirada llena de paz y una sonrisa pícara que no solo demostraba que era una niña muy amada, sino que me sentía feliz.
(Kary Rojas, camino a los 52, porque no he vivido en vano y todas las historias merecen ser contadas)



DEL 1 AL 28 (CAMINO A LOS 52 - VIVIR CON ACONDROPLASIA)

                                         

Día 1 de 28 (cuenta regresiva):

Creo que es la foto que tengo más antigua, en la que aparezco más pequeña, tenia como 4 meses. Allí todo era incierto. En 1969 se creía que una niña con acondroplasia no viviría más de 10 años, no caminaría, no podría hacer o lograr muchas cosas, y por eso, muchos "No podrá" se pronosticaron. Lo que no sabían ni imaginaban, era que esa niña iba a romper todos esos paradigmas y prejuicios...
En esos tiempos el enanismo estaba muy estigmatizado, me cuenta mi madre, que me llevaron a muchos médicos y personas a ver qué se podía hacer para curarme, y que ella especialmente, tenía mucho miedo, no solo por mi presente y futuro; sino también de llegar a tener otro hijo, porque pensaba que se repetiría la condición, por el desconocimiento que había de ella; hasta que supo que yo era su premio mayor y que conmigo, se ganó la lotería.
Y hoy sigue disfrutando de ese premio, y se ganó otras 3 loterías más con mis hermanos, porque todos somos diferentes y cada uno le ha dado muchas satisfacciones y razones para sentirse afortunada.
Puedo decir entonces y me lo repito todos los días, que no he vivido en vano.
(Me preparo para los 52 y cuento mi historia con 28 fotos, en cuenta regresiva, para celebrar y agradecer la vida)

lunes, 19 de abril de 2021

LA EXPERIENCIA DE DIOS Y MI SENTIDO DEL OLFATO.

Alguna vez dando una conferencia, hablé de mi carencia del sentido del olfato. Quienes me conocen saben que nací sin percibir ningún olor, y por tanto mi sentido del gusto tampoco está muy desarrollado. Hay quienes me preguntan, ¿Cómo puedo vivir sin conocer los olores o distinguir todos los sabores?; y siempre les respondo, que, en realidad, como nunca los he experimentado, no sé lo que es carecer de ellos; no me han hecho falta; y así mismo he expresado que, por lo que he visto y escuchado, son más los olores desagradables que los aromas agradables los que se perciben; por tanto, no siento que me estoy perdiendo de mucho. Frente a eso, no falta quien me diga, que no se imaginan viviendo sin olfato o con un sentido del gusto limitado, porque han podido disfrutarlos.

Cierto día, una amiga muy especial, me enseñó a imaginar los olores, poniéndole colores; y con eso, aprendí a visualizar cómo puede verse un olor y tal vez, la sensación que transmite; pero no es lo mismo.

Un día, tratando de explicarles a mis estudiantes lo necesario que es sentir el amor de Dios en la vida de todo ser humano, entendí: Para quienes no conocen a un Dios amor y no se han sentido amados por El, no saben realmente la experiencia maravillosa que es sentirlo y vivirlo. Quizás afirmarán que con Dios o sin Dios, igual van a haber momentos difíciles y agradables; que no hay diferencia en eso y nada cambia en la vida. A lo que puedo decir: Para los que hemos conocido a un Dios amor y lo hemos experimentado de manera profunda, es difícil imaginar la vida sin El. Si es cierto que la vida seguirá teniendo sus momentos duros y especiales; pero es más real, que esos momentos no se enfrentan ni se viven de la misma forma con Dios que sin Dios.

Quizás, quienes no han logrado descubrir y conocer el verdadero Dios amor en sus vidas, por imágenes erróneas que les han enseñado e impuesto, de un dios castigador, que prohíbe, discrimina, se lleva a los seres que amas o manda enfermedades y pruebas; un dios, del cual muchos usan su nombre para mentir, robar y declarar guerra; quienes tienen esa imagen errónea, han sentido que, vivir sin esa experiencia de Dios, no les ha quitado nada y que quizás viven más tranquilos, viviendo a su manera, de acuerdo a los designios del destino y del universo.

No los juzgo, los entiendo; no han conocido ni experimentado el amor de Dios en su vida; ese que le da sentido a los sin sentidos de cada día; el que nos llena de luz, paz, fortaleza y nos permite ver con otros ojos la enfermedad, la muerte, las dificultades, aunque nos duelan. La experiencia del amor de Dios es algo tan único, que quien lo descubre y lo siente, ya no se imagina la vida sin El.

Lo más especial del amor de Dios, es vivir siempre con esperanza en el corazón y contrario a lo que nos han hecho creer, más que sentirnos juzgados, excluidos y señalados; nos sentimos siempre amados, perdonados y acogidos.

Puedo decir que no me hace falta el sentido del olfato, porque no lo he tenido; así mismo muchos pueden expresar que es posible vivir sin Dios, si no lo han sentido. Y aunque para mi imaginarme los olores con colores, me permitió imaginar un poco la sensación de oler; puede que a muchos la imagen que les damos de Dios, les da una visión tal vez cierta o errónea de su amor; pero, sólo quien siente y vive a Dios, sabe que vivir sin Él, no es, ni será nunca lo mismo.


                               


domingo, 7 de marzo de 2021

SOY MUJER, NO TENGO LAS MEDIDAS PERO DOY LA TALLA Y ESTOY A LA ALTURA

Mi nombre es Karina María Rojas Suárez, soy Cartagenera, y tengo una condición genética llamada Acondroplasia, uno de los muchos tipos de enanismo que hay.

Soy la segunda de cuatro hermanos, “Todos normales” y me incluyo en lo normal, con todas mis rarezas que me hacen a la vez única; porque, aunque ninguno en mi familia tiene mi condición (Soy el premio mayor, mi mamá se ganó la lotería conmigo, ya que el enanismo es una condición genética que sucede en 1 de cada 12.000 nacimientos). Pero muchas veces me preguntan si en mi casa todos son normales; como si al verme pensaran que soy la “anormal” de la casa. Pero “los Rojas” somos conscientes de que todos somos diferentes, y nuestras diferencias tienen el mismo valor y responsabilidad; así que he crecido en una familia incluyente en las que nos amamos y aceptamos con nuestras rarezas.

El primero espejo en el que me vi, fue justo en los ojos de mis padres; para ninguna mamá o papá su hijo es feo o raro; por tanto siempre crecí sintiéndome amada y hermosa… El conflicto aparece en la adolescencia cuando la sociedad condiciona el amor, la belleza e impone la moda, inventa medidas para encajar en la ropa; tanto que para ser modelo o Reina de belleza asignan número a la estatura y la talla para ganar una pasarela o corona. Y eso ha llevado a muchas mujeres a sacrificar su autoestima, valor, salud y dignidad, por querer encajar; sufriendo muchas de anorexia, bulimia, suicidio y desamor.

Es justo en la etapa de la adolescencia, donde empezamos a adolescer todo eso, cuando nos miramos en el espejo de la sociedad y sentimos que no encajamos en ella; que hasta un grano de acné, nos hace sentir feas y que al ser demasiado gruesas o delgadas, altas o bajas; ya no somos dignas ni bellas.

Sufrí por un tiempo y en silencio, creyendo todo eso; y esforzándome por agradar a otros, hasta por sentirme amada; porque experimentaba que por más que me esforzara y diera lo mejor, me faltaba un “casi”; y aunque tenía muchas cualidades, aún faltaba algo que no me hacía suficiente para los demás.

Recuerdo el momento justo en que miré a mi alrededor, y vi a jóvenes de mi edad, deprimirse, esconderse o reprimirse porque la ropa no les quedaba como querían, porque no encajaban en la moda o porque al verse un espejo o soñar con el amor, se sentían feas; y lo que más me sorprendía era que ellas tenían los centímetros que me hacían falta, y yo en esos momentos hubiera dado todo por tenerlos; pero comprendí que en eso no estaba la felicidad ni la realización personal.

Fue allí donde me propuse dar la talla en todo lo que hacía, verme en el espejo y reconocerme, amarme tal cual era; resaltar lo que me ayudaba a fortalecer mi dignidad y todo lo que podía permitirme ver, más que una apariencia, mi esencia y valor, lo que me hacía especial ante los ojos de Dios.

Me propuse a vivir a la altura de cualquier circunstancia y hacer lo que mejor sabía hacer; perfeccionar mi arte, mis dones, mis talentos, para mi misma y para transformar las miradas y el espacio donde estaba; y desde ese momento empecé a sentir que quien realmente me conocía, no me veía como Kary “la enanita”, sino como Kary, la Mujer, la Maestra, la Escritora, la que toca piano en la Iglesia, la Conferencista que inspira.

Desde entonces puedo decir: Soy Mujer, no tengo las medidas, pero doy la talla y estoy a la altura de todas las circunstancias que he vivido y enfrentado.

Desde hace años, vivo para lograr mis sueños y a la vez sin darme cuenta, inspirar no solo a mujeres, sino también a las personas con talla baja y/o enanismo (ADEE) para que rompamos estereotipos y recuperemos el Amor primero que debemos sentir, que es el amor a sí mismo.

En el día internacional de la Mujer, las invito a todas, a mirarnos al espejo sin miedo, y sentirnos bellas con todas nuestras rarezas y diferencias; a no dejar que nada ni nadie nos haga sentir menos por ser mujeres, a sentirnos únicas y felices, capaces de lo que sea y estar a la altura de cualquier circunstancia. Kary Rojas (Mujer, Maestra, Escritora, Conferencista)
                                                      


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jueves, 14 de enero de 2021

NO SE PREOCUPE, OCÚPESE...


El mayor estrés que se genera en los seres humanos es porque vivimos más preocupados y menos ocupados. Muchos quizás dirán que es una blasfemia o contradicción lo que digo, pero acá les dejo mi reflexión.

No se preocupe tanto por el qué dirán; ocúpese por vivir su vida, sin hablar del otro ni estar pendiente de lo que dicen o hacen los demás. No se preocupe ni gaste tanto tiempo criticando el gobierno; ocúpese en ser de los que no echan basura al piso, no le roban ni engañan a nadie, respetan las señales de tránsito, también su turno y los parqueaderos; no busca rosca ni palanca para obtener algo, sino que hace los trámites como deben ser. Sea una de esas personas que cuida y ama su ciudad y lo demuestra siendo un buen ciudadano, con todo lo que implica serlo; y cuando sea el momento de elegir un buen líder, sea honesto y vote a conciencia, no dejen que otros le compren el voto, ni sea de los indiferentes que prefieren fingir demencia.

No se preocupe, ni señale tanto a los que son ignorantes ante la realidad de la pandemia; tampoco ignore lo que sucede, más bien, ocúpese por cuidarse y cuidar a los que ama, no salir a nada que no sea trabajo o comprar lo necesario; tenga en cuenta el protocolo de seguridad, use tapabocas como debe ser, lávese bien las manos, mantenga distanciamiento social, haga caso.

No se preocupe por todo lo que sale en las redes sociales, no sea de los que quiere imitar la buena vida que otros publican, ni de los que se preocupan por todas las noticias y opiniones que escucha y lee. Ocúpese más bien en no jugar al teléfono roto y seguir propagando informaciones que no le consta que sean ciertas; no sea alarmista, ni amarillista, ni tampoco de los que se creen tan inmortales que nada de lo de afuera les llega. Ocúpese por informarse bien, ser objetivo, observar y escuchar con atención y decidir callar, cuando lo que diga pueda sembrar pánico, duda, odio o desunión.

No se preocupe por intentar agradar a los demás o por saber que piensan de usted; ocúpese por conocerse mejor; aceptar sus fortalezas y debilidades, ser capaz de verse al espejo y decir: Gracias Dios por imaginarme y crearme tal y como soy.

No se preocupe por los errores y caídas del otro, no sea de los que estén atentos a cuando tropiezan los demás, para señalar su error; más bien, concéntrese en su propio camino, en los pasos que da, en las decisiones que debe tomar, en aquellas cosas que dice y sobre todo en las que se debe callar.

No se preocupe por el futuro, por querer adivinarlo; no se llene de miedo luego de todo lo que ha pasado; ocúpese más bien por vivir el hoy intensamente, aprendiendo de todo lo que vive, sin dejar de soñar con la mirada en el cielo y los pies en la tierra; valore, cuide y disfrute lo que tiene; es mejor que viva con gratitud el ahora, para que en el mañana no le queden culpas ni lamentos.

No se preocupe ni se lleno de miedo por los seres amados; ocúpese por cuidarse y por cuidarlos; por valorarlos y hacerles sentir cuánto los ama. Mientras haya un presente, hay una oportunidad que se nos regala; no la desperdiciemos preocupados, quejándonos o aplazando para mañana lo que podemos hacer hoy. Ocupémonos por vivir cada día intensamente y aprovechar lo que se nos da; por agradecer el día que tenemos, por hacer bien las cosas que debemos hacer y si es posible, hacer un poquito más de lo que nos toca; para que más adelante no nos preocupemos, sino que sintamos que en su momento nos ocupamos de todo aquello que nos preocupaba e hicimos lo que debíamos hacer, por eso hoy vivimos en Paz. (Instagram Kary Rojas 1528)

domingo, 10 de enero de 2021

EL DIA EN QUE CARTAGENA, ORÓ Y LLORÓ…


Nunca había visto tan unida a mi querida Cartagena, como el día en que se supo que el Padre Edwing y su mamá estaban enfermos y hospitalizados con Covid. En realidad, no imaginé a cuántas personas había tocado el testimonio y la misión de este Servidor de Cristo. Las redes sociales se inundaron con cadenas de oración, y su parroquia, congregó a todos aquellos que le conocían, a hacer vigilias de oración por él y por la salud de todos los enfermos. Puedo decir que fueron los días en los que mi ciudad unida, oró.

Sólo quien se ha dejado usar dócilmente por Dios, es capaz de llevar el Evangelio sin darse cuenta, porque lo hace parte de su vida; sus Palabras se conjugan con las de Cristo, se hace discípulo y misionero de su amor, llevando por donde va ese fuego que se va encendiendo en el corazón de quienes lo escucharon, lo vieron y le conocieron. 

Cuando el Covid llegó al Padre Edwing y su mamá, muchos que quizás pensaron en su momento que la pandemia era puro cuento o que solo le daba a algunos, comprendieron la magnitud de este virus, que fue capaz de hacernos testigos de una experiencia de viacrucis con distintas situaciones que como si fueran estaciones, en las que vimos partir primero a su madre y nos esperanzamos con algunas señales de recuperación; fueron llevándonos en un proceso de conversión, en la que se congregó cada vez más a muchos en oración, no sólo por su salud, sino por la de todos los enfermos, y no sólo por el eterno descanso de su mamá, sino de todos los que han partido; y así como las mujeres del evangelio y como Juan el discípulo amado, acompañamos orando al Padre, hasta su muerte el día 9 de Enero, en la cuál Cartagena lloró y anunció con gratitud y esperanza, que este apóstol amado de Jesús, había partido a la Patria Celestial, al encuentro no solo de su madre, sino a los brazos amorosos de Aquel a quien con su vida anunció y amó; y su testimonio había logrado llenar de inmensa gratitud, a quienes experimentamos por Fe, la certeza de su gloriosa resurrección.

La vida, obra y muerte del Padre Edwing, me ha ayudado a entender la santidad. Los santos no son personas extraordinarias y perfectas que hacen cosas grandes y poderosas; los santos son aquellas personas tan ordinarias y humildes, que desde lo más pequeño y los gestos más sencillos, logran amar como Jesús, de manera extraordinaria; lo hacen sin darse cuenta, si gritarlo o publicarlo; pero tocan de tal modo la vida de las personas que le conocen o que le escuchan, que construyen familia y comunidad, y esparcen semillas en muchos corazones, que germinan con el tiempo y la distancia, y cuando se van, queda para siempre escrito lo vivido y lo aprendido; de esta manera su legado nunca muere, fueron santos y nunca lo supieron, somos nosotros los que como los discípulos de Emaús, nos preguntamos: “No ardía nuestro corazón cuando nos hablaba del Amor de Dios y del Evangelio?” “Lo reconocimos al Partir el Pan, a ejemplo de Cristo Redentor”.

Hoy, para los que le conocieron, lo escucharon o compartieron con él, algún momento; su muerte no ha dejado tristeza, sino esperanza; no se sienten solos, porque se han fortalecido y unidos como Comunidad; no se sienten vacíos ni perdidos, porque les ha quedado encendida esa llama que se sigue esparciendo; su legado permanece vivo y muchos continúan orando en memoria suya, por todos aquellos que están luchando por ganarle la batalla a este virus, que nos ha enseñado a ser agradecidos, a cuidarnos y cuidar a los que amamos; a valorar los gestos y las cosas más sencillas y pequeñas, que son las que marcan la diferencia. Y con la vida, enfermedad y muerte del Padre Edwing, muchos volvieron su mirada a Cristo; y Cartagena entera se unió, oró y lloró; nos sentimos todos hermanos, ovejas de un mismo Pastor. ¡Gracias Jesús por la Vida del Padre Edwing!

miércoles, 6 de enero de 2021

SI QUIERES UN AÑO DIFERENTE, NO HAGAS LO MISMO...

Ya iniciamos el año y en un abrir y cerrar de ojos se terminó la Navidad, estamos viviendo el 2021, y aún guardamos secuelas y estragos que nos dejaron el 2020, y sobre todo ese miedo a soñar, a planear, a continuar.
Una de las muchas enseñanzas que nos ha dejado la cuarentena y el Covid, es que “No podemos seguir viviendo como antes”; acumulando, siendo compradores compulsivos, viviendo de ilusiones y quejándonos. La pandemia nos ha enseñado a valorar y cuidar lo esencial, lo básico, porque es lo que necesitamos para vivir; también a comprar y adquirir lo necesario, porque, ¿Qué sucedió por un tiempo con los autos, los vestidos elegantes, las joyas y demás? Quedaron guardados, sin uso. Y, ¿Qué pasó con los planes, los viajes, las celebraciones? Se redujeron a virtuales, algunos eventos se aplazaron, otros se cancelaron; y decidimos vivir el día a día.
¿Sí estamos sintiendo diferente este año? Algunos dirán que si, porque han sido arriesgado e inconscientes, tratando de vivir como si el virus no existiera, saliendo a divertirse, sin cuidarse, lanzándose a la calle a enfermarse o enfermar a los que ama. Y vemos que las noticias no cambian, más casos, más muertos, más sitios cerrados, más accidentes, más violencia, más de lo mismo. Y nos decepcionamos del nuevo año, al que le pedimos “Año 2021, sorpréndeme”; pero si seguimos así, no nos va a extrañar que no haya sorpresas, sino más de lo mismo y que si acaso surge al nuevo, no será bueno; porque no estamos haciendo nada para que este año sea distinto.
Estamos haciendo lo mismo, la misma rutina, las mismas palabras, todo lo que ya se nos hizo costumbre, aunque las circunstancias sean distintas. Y si acaso cambiamos un poco nuestro proceder en la pandemia, estamos tratando de recuperar lo que decimos que perdimos, volviendo a hacer todo aquello que hacíamos cuando no existía el virus, pero que hoy en día es muy arriesgado, porque el virus existe, está presente y cada vez más se nos acerca.
¿Cómo van tus proyectos para el 2021? ¿Los escribiste? ¿Hiciste un plan de vida? ¿O simplemente estás viviendo igual como hace 10 días?, si es así, entonces obtendrás los mismos resultados y si algo cambia es porque así lo quiso el destino.
¿Cómo van tus relaciones personales? ¿Acaso viven los mismos conflictos, las mismas discusiones, los mismos ritos? De ser así, si las cosas van bien, pueden caer en la rutina y si iban mal, no te sorprendas, si todo se termina.
Y al final, no lancemos quejas al cielo, cuestionando el porqué nos pasa lo mismo y, vivimos lo mismo; porque la respuesta es clara; estamos haciendo, sintiendo y diciendo lo mismo, por tanto, nada puede cambiar, a no ser que el destino intervenga y nos mueva un poco el piso. Eso vino a hacer la Pandemia, a desacomodarnos, a derrumbar lo que estaba mal erigido, a acabar con lo que estaba a punto de terminar, pero que daba vueltas sin rumbo.
Traza las metas y un plan, en el que cada paso que des, sea distinto a lo que venias diciendo y haciendo; los cambios son muy difíciles pero necesarios; y si quieres cosas diferentes para tu vida, deja de hacer lo mismo, muévete, suéltate, desprende… Empieza ¡Ahora!


viernes, 1 de enero de 2021

CARTA DE DESPEDIDA AL 2020

Querido 2020, desde el comienzo quisiste hacerte notar y nos mostraste realidades que en medio de la rutina preferíamos olvidar.
Nos mostraste los gritos de la naturaleza, que sufre porque la hemos explotado y ante nuestros ojos se muere y se quema; nos recordaste las injusticias y la falta de Dios y de amor que hay…
Nos demostraste que aunque muchos quieren sentirse poderosos y grandes, un virus microscópico, nos atemorizó y nos hizo escondernos de todo lo demás.
Y por un tiempo la tierra respiró, y por unos días no supimos que hacer con el tiempo y decidimos compartirlo con los que están más cerca porque la mayoría de las veces, para ellos no teníamos tiempo.
Nos enseñaste que la diferencia de lo que tiene valor y lo costoso; y así un elegante vestido no era tan necesario, como una ropa cómoda para el diario.
Nos enseñaste a extrañar a la familia y a los amigos, y a todo aquello de lo cual muchas veces nos quejamos, como la escuela y el trabajo.
Quisiste que aprendiéramos a mirar de adentro hacia afuera y a valorar las cosas más sencillas y pequeñas.
Quisiste enseñarnos que amar es cuidar y cuidarnos, y que teníamos muchas ideas y talentos que antes no habíamos descubierto y mucho menos aprovechado.
Y aún así, muchos creyeron que eras malo, que viniste a destruir y castigarnos. Pero en realidad, lo que quisiste fue hacernos mejores personas, fortalecer nuestra Fe, ser más agradecidos con todo lo que se nos ha dado y con las personas que nos han cuidado.
Y de repente, muchos quisieron recuperar lo que habían perdido, y como un alumno que no aprende la lección, prefirieron desafiarte e ignorar el pequeño virus que nos ha traído tantas muertes. Algunos lo niegan, otros se creen más fuertes, otros le temen demasiado y hay algunos indiferentes.
2020, para mi no fuiste tan malo, me diste la oportunidad de crear y alcanzar metas, me has enseñado a madurar, fortaleciste mi Fe y sobre todo, me enseñaste a valorar lo que tengo y a cuidar a los que amo.
Me hiciste una mujer agradecida y ahora todo lo agradezco, desde el vaso de agua que tomo o la comida que ceno, desde el abrir mis ojos en la mañana y poder descansar en la noche, bajo un techo.
Adios 2020… Nunca olvidaré todo lo que aprendí y descubrí… Gracias por las personas nuevas que me regalaste y por permitirme continuar con las que tanto amo. Me despido agradecida por todo lo que me has enseñado… Ahora es el momento de recibir el 2021 y vivirlo con todo lo que me has dejado…