Cuando pienso en aquello que nos hace diferente a los demás, inmediatamente llego a una conclusión: “Simplemente tenemos que esforzarnos un poquito más”…
De niños al querer encender la luz, abrir una puerta o tomar algún juguete; no podemos hacerlo tan fácilmente como los otros chiquillos de nuestra edad, ellos solo estiran su brazo y lo pueden alcanzar; nosotros tenemos que rodar una silla, subirnos en ella, esforzarnos un poquito más.
A la hora de correr, de subir una escalera, al querer sentarnos en el pupitre de la escuela, aún en el momento de caminar; quizás no lo hacemos con la misma agilidad, pero nada es imposible para nosotros, simplemente tenemos que esforzarnos un poquito más.
No podemos ir tan de prisa como otros lo hacen; pero damos pasos cortos con pisadas firmes que dejan huellas imposibles de borrar… y mientras otros quieren crecer tan alto y las estrellas poder tocar, nosotros descubrimos que desde abajo la grandeza y belleza del cielo, mejor se puede apreciar..
En la calle ya siendo adultos, inmersos en una sociedad que coloca todo tan en alto que ni ellos mismos lo pueden alcanzar; todo parece más difícil para nosotros, manejar un ascensor, utilizar un cajero, hacer una llamada en un teléfono público, comprar un boleto en la taquilla, subir al autobús sin ningún riesgo, cruzar la calle, o pasar desapercibido sin recibir las miradas y las risas de los demás… estos pequeños obstáculos de nuestra vida cotidiana, se convierten en retos que más que debilitarnos nos fortalecen, porque requiere que para sobrellevarlos y superarlos, nos esforcemos un poquito más…
Y cuando buscamos un empleo, o que se nos de otra oportunidad, a simple vista es difícil que otros crean en lo que somos capaces de realizar, es necesario sacar todas nuestras fuerzas internas, esforzarnos un poquito más, para poder hacer que los demás más que nuestra apariencia pequeña, logren ver la grandeza y fortaleza que posemos y nos ayuda a hacer posible aún las cosas que parece imposibles de realizar.
En esos pequeños esfuerzos extras que surgen en nuestro diario vivir, y que no son comunes en la vida de los que se llaman a sí mismo normal, ahí se esconde el secreto de nuestra mayor fortaleza, porque estamos en una constante lucha de alcanzar por sí mismos lo que queremos, aún las cosas más pequeñas y sencillas para otros, en nosotros se convierten en grandes retos que nos enseñan a luchar, sin rendirnos en el intento, siendo capaces de asumir cualquier otra dificultad, porque hemos hecho de nuestra vida un constante juego, en el cual todo se torna ante nosotros como un sueño, que si nos esforzamos un poquito más por ello, lo podremos perpetrar.
Por todo eso no creemos en los imposibles, no renunciamos ante los obstáculos y caídas, sabemos siempre intentarlo de nuevo, esforzarnos un poquito más… construimos nuestro vivir en grandes sueños que se hacen posibles de alcanzar, desde las cosas más pequeñitas que somos capaces de realizar… esta grandeza y fortaleza interior, también nos hace diferente a los demás… eh ahí la perfección de Dios en nosotros, y el toque de su amor que en cada una de sus criaturas sabe dejar.
De niños al querer encender la luz, abrir una puerta o tomar algún juguete; no podemos hacerlo tan fácilmente como los otros chiquillos de nuestra edad, ellos solo estiran su brazo y lo pueden alcanzar; nosotros tenemos que rodar una silla, subirnos en ella, esforzarnos un poquito más.
A la hora de correr, de subir una escalera, al querer sentarnos en el pupitre de la escuela, aún en el momento de caminar; quizás no lo hacemos con la misma agilidad, pero nada es imposible para nosotros, simplemente tenemos que esforzarnos un poquito más.
No podemos ir tan de prisa como otros lo hacen; pero damos pasos cortos con pisadas firmes que dejan huellas imposibles de borrar… y mientras otros quieren crecer tan alto y las estrellas poder tocar, nosotros descubrimos que desde abajo la grandeza y belleza del cielo, mejor se puede apreciar..En la calle ya siendo adultos, inmersos en una sociedad que coloca todo tan en alto que ni ellos mismos lo pueden alcanzar; todo parece más difícil para nosotros, manejar un ascensor, utilizar un cajero, hacer una llamada en un teléfono público, comprar un boleto en la taquilla, subir al autobús sin ningún riesgo, cruzar la calle, o pasar desapercibido sin recibir las miradas y las risas de los demás… estos pequeños obstáculos de nuestra vida cotidiana, se convierten en retos que más que debilitarnos nos fortalecen, porque requiere que para sobrellevarlos y superarlos, nos esforcemos un poquito más…
Y cuando buscamos un empleo, o que se nos de otra oportunidad, a simple vista es difícil que otros crean en lo que somos capaces de realizar, es necesario sacar todas nuestras fuerzas internas, esforzarnos un poquito más, para poder hacer que los demás más que nuestra apariencia pequeña, logren ver la grandeza y fortaleza que posemos y nos ayuda a hacer posible aún las cosas que parece imposibles de realizar.
En esos pequeños esfuerzos extras que surgen en nuestro diario vivir, y que no son comunes en la vida de los que se llaman a sí mismo normal, ahí se esconde el secreto de nuestra mayor fortaleza, porque estamos en una constante lucha de alcanzar por sí mismos lo que queremos, aún las cosas más pequeñas y sencillas para otros, en nosotros se convierten en grandes retos que nos enseñan a luchar, sin rendirnos en el intento, siendo capaces de asumir cualquier otra dificultad, porque hemos hecho de nuestra vida un constante juego, en el cual todo se torna ante nosotros como un sueño, que si nos esforzamos un poquito más por ello, lo podremos perpetrar.Por todo eso no creemos en los imposibles, no renunciamos ante los obstáculos y caídas, sabemos siempre intentarlo de nuevo, esforzarnos un poquito más… construimos nuestro vivir en grandes sueños que se hacen posibles de alcanzar, desde las cosas más pequeñitas que somos capaces de realizar… esta grandeza y fortaleza interior, también nos hace diferente a los demás… eh ahí la perfección de Dios en nosotros, y el toque de su amor que en cada una de sus criaturas sabe dejar.






Algo que nos ayudaría a hacer todo mejor, sin causar ninguna herida, ni sentir que la embarramos con aquello que de nosotros salió; sería aprender siempre a pensar el qué, cómo, cuándo y dónde podemos dejar salir cualquier palabra o acción…







Nos hace odiar y amar al mismo tiempo a esa persona que entrando en lo más profundo del ser, con una palabra u omisión o cualquier mínima acción, nos rompa el alma, nos haga llorar y perder la ilusión… Pero así mismo quien Ama de verdad, supera todo resentimiento y logra siempre perdonar, por encima del dolor, luchando por lograr una buena reparación, abriendo las puertas de esa habitación, reservándole su asiento, aferrándose a ese sentimiento que le da a la vida otro color, salvando de este modo el verdadero amor.






