Sabemos que estamos vivos y hablamos con propiedad del inigualable valor de la vida, pero cómo nos cuesta aprender a vivir dignamente y ser defensores de la dignidad de aquellos que con nosotros caminan, porque todo lo que se nos ofrece y logramos conocer cada día, nos atrae y envuelve sutilmente, y nos lleva a más que vivir, intentar sobrevivir para no naufragar ni ir contracorriente en el océano de la vida…Y expresamos a la perfección los mandamientos de la ley Dios, sabemos que el principal de todos ellos es amarlo a El por sobre todas las cosas y al prójimo como El mismo nos amó; y si lo conocemos al derecho y al revés, por qué preferimos todas las demás cosas que aquello que tiene que ver con Dios y por qué pensamos mas en nosotros mismos y somos indiferentes a las necesidades del otro y a su dolor?...
Decimos que al mundo lo está matando la contaminación, exponemos sobre el calentamiento global a la perfección; pero no somos capaces de dejar limpio el lugar que cada mañana aseado y ordenado encontramos, justificamos que somos de los que pagamos para que otros recojan la basura que nosotros arrojamos… y eso que conocemos teóricamente de humildad y conciencia social, hasta hablamos de sentido de pertenencia, de valores y definimos lo que es ecología, civismo y urbanidad. Dominamos la tecnología, navegamos por la red, aprendemos ágilmente a manejar todo adelanto que la ciencia nos quiera ofrecer, nos satisface el tener lo más sofisticado que puede haber, y así, mientras más sabemos más nos deshumanizamos y en la medida que el hombre busca inventar de más para sentirse un dios, Dios creó este mundo y todo lo que hay en él, para hacerse hombre y enseñarle lo que es el amor como solo lo sabe hacer realidad El… Por eso desde que nacemos, hacemos de la vida una escuela donde aprendemos con los primeros pasos que damos, con las palabras que pronunciamos y todo aquello que vamos conociendo de las personas que caminan a nuestro lado; se nos enseña de los caminos correctos y hasta nos indican cuales son los equivocados, y si ya los conocemos, ¿Por qué al caminar nos desviamos? ¿Por qué hacemos de nuestras palabras y de nuestros silencios, piedras que a otros para herirlos, lanzamos?... Y si sabemos lo que nos alimenta y lo que nos hace daño, ¿Por qué optamos por aquello que no nos sacia ni nos ayuda a crecer, haciéndonos sentir vacios e inconformes; tan solo porque ciegos, sordos y mudos nos queremos creer?, justificando con que no es suficiente saber, pues hay que experimentar para comprobar lo aprendido, aunque nos tengamos que lamentar después, por caer o fracasar, herir o dañar, sentir el corazón roto en pedazos o sufrir por perder sin valorar lo que alguna vez tuvimos y quisimos.
Y así muchas veces entre más sabemos, menos sentimos; y si más conocemos, más nos volvemos insensibles y prevenidos, porque saber nos llena de temor y hasta aprendemos con el objetivo de alcanzar respeto y una posición, sentirnos poderosos, ,humillar al que consideramos nada sabe, porque no tuvo la oportunidad que a nosotros se nos dio, creernos más que el mismo Dios; pero estamos equivocados, así no logramos parecernos a El en lo que realmente lo hace grande y le da toda su grandeza y poder, y es en su misericordia y humildad, en esa capacidad de hacer propio el sufrimiento del otro y dar la vida por Amor a los demás… haciéndose así libre para liberar, queriendo rescatar al que se perdió, aprendiendo a reparar lo que está roto, salvar y cuidar este universo hermoso, con todo lo que en él por amor y para el amor se nos dio, con la sabiduría para hacer milagros y hacer posible lo que nadie creyó; construir desde los pedazos y poder devolver la vida a lo que por falta de amor murió . 
Qué contradictoria suele ser la vida, cuando nos sentimos tan frágiles como el barro y por eso nos quebrantamos; es algo así como experimentar la resistencia ante lo irresistible de nuestra realidad, y en otros instantes ver como nos endurecemos tanto, que nos cuesta demasiado modelarnos y aceptar todo aquello que implique en nosotros cambiar o desacomodarnos aún en las manos amorosas del Alfarero nuestro Amigazo.
En esos momentos de la vida, cuando muchas veces queremos renunciar a todo, rendirnos ante la realidad de ser humanamente barro, renegando ante la crudeza de nuestros pedazos, pensamos muchas veces que ya no hay nada que hacer, lo hemos intentado tanto y de nuevo al querer mejorar y transformarnos, sentimos que lo que hacemos es que derrumbamos y deformamos…
Lo que nos cuesta quizás entender o ver con los ojos de la fe, es que ahí cuando creemos que ya nada más podemos hacer, las manos del Alfarero se encargan de tomar nuestros escombros y hacer que en nosotros milagros puedan reverdecer … El utiliza nuestras grietas y riega con gotitas de esperanza la aridez de los caminos por donde nuestros pies descalzos pasan, haciendo que renazcan los sueños e ilusiones que muchos con el correr del tiempo y de los años han perdido… y nos enseña a entender la humanidad de los demás, cuando queda impregnada en nuestra piel, el barro de su fragilidad y llegamos a amarlos como amigos… es ahí donde el Amigazo Creador y Alfarero actúa y nos ayuda a dejar el hombre viejo para ser un hombre nuevo a imagen y semejanza suya, viendo con ternura lo bueno de su creación, por eso hombre y mujer los llamó y los complementó, poniendo en cada uno, lo Divino y Mágico de su amor… 


Luchemos cada día por fortalecer de tal forma este sentimiento, que cuando existan las crisis o se presenten los malos tiempos, podamos vencer la tormenta y seguir remando mar adentro, aunque se nos quebrante el barro o tengamos que asumir un desierto y las ausencias aparezcan para llevarnos al alejamiento… si hemos sabido vivir intensamente reconociendo lo humano y lo divino que es todo esto que tenemos dentro, nada nos podrá separar porque aun en la distancia y en el silencio, nuestros corazones seguirán aferrados a lo que se ha sembrado, siendo UNO en Aquel que nos regaló este momento, aunque no nos veamos como antes o nos toque estar lejos, de nada nos lamentaremos porque supimos disfrutarlo como se debe, por el tiempo que dure lo que tenemos…
Sé muy bien que la vida cada día nos da muchas vueltas, los caminos se unen y se separan, los capítulos se inician y se acaban, y todo sin darnos cuenta de un momento a otro nos cambia; siempre existirán el antes y el después, también las despedidas, el aferrarnos a alguien y tener que soltarlo algún día, el reír con su presencia y llorar después por su partida, el ser feliz a su lado y experimentar luego el alma por su ausencia herida… pero todo ello es lo que nos hace sentir, hace parte de lo que implica, crecer y madurar, aprender realmente a vivir… por eso, aunque sé que quizás mañana todo nos puede cambiar, y sea necesario soltar, no me importa tener que llorar, muy dentro de mí, sentiré que siempre pude valorar y cuidar, aquello que Dios a través de ti me quiso regalar…